En silencio y sin agresiones. Así transcurre la campaña política en Centenario, a un mes de las elecciones para intendente, diputados y gobernador.
El planteo es propio de la excitación del fanatismo y carente de un frío análisis de situación: Centenario no es lo mismo que Chos Malal, a pesar de que el partido provincial y el kirchnerismo intenten englobar las ideas políticas dentro de las mismas geografías.
El padrón tiene más del doble de votantes; es una ciudad grande y compleja y, además, el gobierno provincial aún no se ha tenido en cuatro años, la voluntad política y visible de fortalecer al MPN, tal como ocurrió en Chos Malal.
De todas maneras, la experiencia sirve para visualizar que una buena gestión no es condición determinante, pero sí necesaria, para ganar una elección. En el medio, están el factor suerte, la habilidad para contener a distintos sectores y curar las heridas de los que se quedaron afuera del sistema.
El intendente Javier Bertoldi obvió referirse a este tema, como si algo tuviera que ver con la derrota. Tal vez haya sido un error vincularse, cuando nadie lo hizo. Además, encaró una campaña muy similar a la de un partido vecinal, desprovista de toda ideología del peronismo. Ya no está la cara de Cristina de Kirchner en la publicidad, sino la de él mismo. No es el PJ ni la Nación las que le arrastrarán votos en estos comicios, sino lo que su persona pudo hacer para revertir viejos vicios de la cultura política.
El emepenista Jorge Brillo intenta que por los rencores de la interna pasada no se fuguen votos hacia el peronismo, y ha logrado contener a una vieja extracción sobischista, que durante cuatro años la pasó a la sombra. Es hábil y su estrategia de mostrarse como “la continuidad de Bertoldi”, le ha traído logros: no retroceder en imagen e instalar la posibilidad de crecer y ganar.
Lo cierto es que durante años el MPN no sacó más de 5 mil votos en Centenario. Y en esta elección, se necesitan al menos 7 mil para ganar en un escenario polarizado. Las dos colectoras que lleva, apenas si le pueden sumar entre 500 y 700 votos, pero lo perjudicará en el reparto de los concejales.
Por otra parte, en la UCR la dispersión es grande. En cuestión de horas, un grupo de farizanistas sacó una lista de la galera, y los quiroguistas encolumnados detrás del concejal Daniel Egea, se quedaron afuera. Éstos últimos, entienden que Martín Farizano es un elemento utilizable por el kirchnerismo, y que perderá el 12 de junio. Por eso esperan, como lo hace Quiroga, con el cuchillo entre los dientes ante la hipotética y estruendosa caída en las destrozadas redes del partido. Pero aún falta un mes, y puede haber sorpresas.

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