Expertos consultados por Hoy afirmaron que están dadas las condiciones para que se produzcan nuevos siniestros similares al choque en la estación, que dejó 51 víctimas fatales.
Hasta el momento, con el silencio de la presidenta Cristina Kirchner, que ha optado por no dar la cara y refugiarse en su lujosa mansión de El Calafate, se está avalando la continuidad del sistema absolutamente viciado de corrupción que existe en torno al manejo del transporte ferroviario en nuestro país. Y lo que resulta aún más preocupante es que están dadas las condiciones para que, en cualquier momento, se produzca un acontecimiento similar o aún peor que el que se registró en Once.
Hay formaciones que tienen más de cincuenta años de antigüedad, que circulan sobre rieles que datan, en algunos casos, de finales de la década del ‘40. En esas condiciones deplorables, solamente en el área metropolitana cada día hábil viajan 1,2 millones de pasajeros.
“Mientras esté gente como los Cirigliano al mando de TBA y de otras empresas, es una certeza que se va a producir otro hecho como este. No tengo ninguna duda. Yo diría, con certeza, que es cuestión de tiempo que se produzca otro siniestro”, le dijo a Hoy el ingeniero Norberto Rosendo, quien tiene una amplia experiencia en el campo de los sistemas ferroviarios y, desde hace varios años, viene denunciando las graves irregularidades que existen en torno a las concesiones avaladas por el kirchnerismo.
“Si nosotros vemos una línea de tiempo de los últimos tres años, dan 179 los muertos. El último año tuvimos el choque arriba del viaducto, con dos muertos; después el choque del colectivo, en Floresta, con diez muertos. Y ahora tenemos 51 muertos en Once. El próximo siniestro no sé cuándo va a ser, pero va a ser más grande, seguramente”, explicó Rosendo, quien es el titular de la ONG Salvemos al Tren.
Para Rosendo, “se trata de un problema matemático, de probabilidades. En la industria ferroviaria, a medida que baja el gasto de mantenimiento, crece la cantidad de accidentes. A los ingleses les pasó exactamente lo mismo, porque privatizaron el tren y le dieron el manejo a una empresa similar a TBA. Pero luego tuvieron la suerte de que los obligaron a volver atrás con la privatización y los trenes ahora son nuevamente del Estado. Por eso las soluciones hay que aplicarlas de forma rápida, hay que hacerlo ya, porque cada día que pasa tenemos más probabilidades de que se produzca otro siniestro”.
“Nosotros hace diez años que lo venimos diciendo. No es que somos oportunistas. Hay que organizar una nueva empresa ferroviaria, con gente capacitada y responsable. Y hay que darle el presupuesto adecuado: con 194 millones de pesos alcanza y sobra para hacer un servicio de excelencia. Pero, claro, no hay que robarse la plata, porque después no hay plata que alcance”, agregó.
“Si en todos estos años no hubo manejo irregular con los subsidios, ¿cómo se explica el crecimiento explosivo del Grupo Plaza, que pertenece a los Cirigliano, que compraron la mitad de los colectivos de la provincia de Buenos Aires, como el Río de la Plata y El Rápido Argentino? La plata salió del tren. Por eso el servicio está como está”, dijo Rosendo. Y concluyó: “Es claramente un problema de corrupción. Los 51 muertos son muertos de la corrupción. Porque si pasa un accidente, como que se explote la rueda, como les pasó a los alemanes con el tren de alta velocidad, o como que se explote un riel, como les pasó a los japoneses, esos son imponderables. Pero si no andan los compresores, eso no es un accidente”.
El problema del transporte de carga
Ante una consulta de Hoy, el ingeniero platense Elido Veschi afirmó que el siniestro ocurrido en Once “es otro más dentro de una gran cadena de hechos parecidos. Esto pasa mucho en los trenes de cargas, donde hay muchos accidentes y roturas, pero que no trascienden porque no hay víctimas. Es parte del proceso de creciente deterioro y destrucción del sistema ferroviario en nuestro país”.
Veschi, que es fundador del Centro de Investigaciones Ferroviarias y del Transporte y exsecretario general de la Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles Argentinos, agregó: “Se utiliza muy mal el dinero que aporta el Estado en concepto de subsidios a las empresas que manejan los ferrocarriles. De los miles y millones de dólares que hemos puesto los argentinos, el grueso fue a parar a los bolsillos de algunos”.
Veschi también fue candidato a intendente de La Plata por el partido de “Pino” Solanas en las últimas elecciones y mantiene una estrecha relación con el actual diputado nacional.
En Foco
La necesidad del reclamo ciudadano
Resulta preocupante la pasividad que están mostrando las miles de personas que, diariamente, abordan algunos de los trenes que unen la Capital Federal con La Plata y las distintas localidades del Conurbano bonaerense y del interior del país. Pareciera que están resignados a tener que viajar en condiciones infrahumanas, colgados de los vagones, en formaciones con más de cinco décadas, que tienen escaso o nulo mantenimiento. Es como si estuvieran, permanentemente, al filo de la guillotina, ya que están dadas las condiciones para que una catástrofe similar a la registrada en Once, que fue producto de un sistema corrupto que viene desde los años ‘90 y que fue profundizado por el kirchnerismo, vuelva a ocurrir.
Salvo la pacífica marcha que tuvo lugar el fin de semana, frente a la estación de San Antonio de Padua, lugar donde el joven Lucas Menghini Rey abordó la formación que le iba a costar la vida (y cuyo cuerpo recién fue descubierto 57 horas después del siniestro), no ha habido mayores protestas por parte de los familiares de las 51 víctimas fatales y de los heridos. Es más, la mayoría de las personas que viajaban en el tren y no sufrieron consecuencias físicas volvieron a viajar al día siguiente del choque en la misma empresa para poder concurrir a sus lugares de trabajo.
Entre las víctimas del siniestro, había profesionales, empleados, estudiantes y trabajadores. Es decir, afectó por igual a distintas clases sociales, por lo que el habitual clientelismo que suele instrumentar el Gobierno nacional para contener las protestas de los sectores más postergados de nada hubiese servido para hacer frente a una protesta generalizada.
Difícilmente pueda haber cambios si la sociedad no se organiza y hace sentir sus reclamos. Es la única forma de poder cambiar la historia, dado que el kirchnerismo, y una parte importante de la oposición que le es absolutamente funcional, está demostrando que no tiene la más mínima voluntad política de introducir modificaciones estructurales en el sistema de transporte.
La protesta nada tiene que ver con ejercer actos de violencia. Todo lo contrario. Simplemente, consiste en hacerse sentir, ya sea organizándose en alguna ONG o reuniéndose en clubes de barrio o en cualquier espacio público, para definir un plan de acción y trasladarle al poder político el reclamo correspondiente. Es necesario entender que, si en la Argentina vuelve a imponerse la impunidad, la muerte de 51 personas, en su mayoría jóvenes que tenían toda su vida por delante, solamente quedará como una simple estadística.


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