Silencio, angustia y miradas desafiantes

Se sentaron en el banquillo, 34 años después. Los acusados de integrar el grupo de tareas que ejerció el terrorismo de Estado en La Pampa no pudieron ayer disimular cierta angustia. Se los notó en una posición incómoda. No es para menos: no sólo están imputados, sino que desde hace varios días pasan sus días encerrados en la cárcel de la Colonia Penal, Unidad 4.
Ayer hicieron un despliegue de gestos, que variaron entre las miradas desafiantes, la indiferencia y el silencio contenido.

Los acusados ingresaron temprano a la sala del juicio. Antes del inicio, algunos conversaron entre ellos o con el abogado defensor. A medida que avanzó la audiencia, se sumieron en el silencio. Tal vez después de que el presidente del Tribunal los hizo parar, uno por uno a medida que los nombraba, para identificarlos.

El más dicharachero había resultado el abogado de Greppi, Hernán Vidal, quien hasta se permitió algunos chistes e ironías. Pasó la audiencia entera mascando chicle de manera aparatosa. En un momento, con sarcasmo, le dijo a un fotógrafo: “Pasá y sacale directamente”, en referencia a uno de los acusados, cuando el cordón policial dificultaba la tarea de los reporteros gráficos.

El único militar, Néstor Omar Greppi, se mostró aislado del resto, todos policías. Fue el único vestido con traje azul.

Al comisario Roberto Oscar Fiorucci se lo vio inexpresivo. Y en algún momento del debate, hasta se durmió. Pero antes había hecho algunos gestos de cierto desprecio -mientras hacía comentarios al oído de sus ex camaradas- para con personas que estaban entre el público.

El ex gerente de la Cámara de Comercio Oscar Antonio Yorio miró varias veces hacia el público, pero rápidamente volvió la vista al frente. Enseguida se sacó la campera y quedó con una camisa rayada, blanca y roja.

Néstor Bonifacio Cenizo fue el que más miró hacia el público con ojos encendidos y desafiantes. Inquieto, pareció buscar a alguien entre los presentes.

El que lució más desinteresado y descuidado fue Athos Reta. Eso no le impidió concretar algunas miradas algo provocadoras, sostenidas durante largos segundos. Reta tiene una barbilla rala. Entre el público, al fondo de la sala, lo acompañó uno de sus hijos.

Por la mañana, Carlos Alberto Reinhart miró insistentemente unos papeles que llevó en sus manos. En algún momento, pareció esconderse de las cámaras de los fotógrafos detrás de ellos.

Los represores Omar Aguilera y Roberto Constantino siguieron la lectura de la acusación con anteojos puestos.

Hugo Marenchino, con el cabello largo y un estilo más juvenil que el resto, no abrió la boca y se mostró tranquilo, impasible.

Comentá la nota