El juicio oral y público que se sigue en esta ciudad por crímenes de lesa humanidad en perjuicio de 34 personas seguirá hoy con el testimonio del periodista Néstor Quintana, quien en febrero de 1975 trabajaba en el diario El Intransigente junto al también periodista Héctor Luciano Jaime, ....
Jaime fue secuestrado el 12 de febrero de 1975 pasadas las 20, a la salida de su trabajo en el diario. Restos de su cuerpo, que había sido sometido a una explosión, fueron encontrados el 14 de febrero, en el paraje El Encón Chico, en la jurisdicción de Campo Quijano. Por este hecho están imputados quien por entonces era jefe de Seguridad de la Policía, Joaquín Guil, y quien era jefe de la Policía provincial, Miguel Raúl Gentil. Ambos están acusados también por el asesinato de los militantes peronistas Alfredo Mattioli, Marcos y Liendro Estopiñán y Ricardo Tapia, hecho cometido el 20 de abril de 1975 y que se investiga junto con la muerte de Jaime.
Los testigos que han declarado hasta ahora sobre este hecho, Rodolfo Plaza y Sylvia Troyano, coincidieron en que el trabajo de Jaime le había granjeado enojo en las filas de la Policía de la provincia y la Federal. Particularmente afirmaron que Guil tenía “animosidad” hacia el periodista y –contó Troyano— el propio Jaime responsabilizó a Guil si le pasaba algo. La diferencia sustancial entre uno y otro testimonio fue referida al testigo de hoy: Plaza afirmó que el diario no fue allanado y que luego del asesinato de Jaime el diario recibió amenazas anónimas y que una de ellas iba dirigida expresamente a Quintana; en cambio, Troyano sostuvo que el diario fue allanado en varias oportunidades y que, además, la Policía tenía informantes dentro del matutino, señaló a Quintana omo uno de ellos.
El testimonio de Quintana es el primero previsto para la jornada de hoy, cuyo inicio se ha previsto para las 9,30.
Policía desaparecido
El resto de la jornada de hoy será destinada a revisar la desaparición del policía Pedro Bonifacio Vélez, quien fue secuestrado el 29 de mayo de 1977, en esta ciudad. Por este hecho están acusados Guil, el ex jefe del Ejército en Salta, Carlos Alberto Mulhall, y el policía retirado Raúl Toledano.
Según la denuncia su esposa, Plácida Celim, citada en el libro “La represión en Salta”, de Lucrecia Barquet y Raquel Adet, Vélez trabajó durante unos diez años a las órdenes de Guil y como no concordaba con el proceder de su jefe, sufrió reiterados traslados. La mujer sostuvo también que según el policía Carlos Gómez, el operativo de secuestro de Vélez había sido realizado “por orden de Guil, el ‘Sapo’ Toranzo o el negro Oropeza”.
Gómez le dijo también que no esperara a su marido porque había sido muerto y arrojado al dique Cabra Corral. Posteriormente, ante sus reclamos, Guil le dijo que no buscara más a su marido y que criara “como pueda a sus dos hijos”.
En la denuncia presentada ante la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP), la madre del policía desaparecido, María Angélica Sánchez de Vélez, contó que su hijo fue dado de baja en la Policía en marzo de 1977, fuerza en la que había llegado a oficial ayudante. La mujer aseguró que a partir de que lo dejaran cesante, Vélez era molestado continuamente a altas horas de la noche, por lo que decidió instalarse en el hotel Nápoli, sobre la calle Mitre al 1000. De allí fue sacado en ropa interior, de madrugada, el 29 de mayo de 1977. Rosa Muruaga, que estaba con Vélez en ese momento, describió a uno de los hombres que lo buscaba con las mismas características de Toledano, que en Salta se destaca porque es pelirrojo.
Los testigos citados para hoy en relación a este hecho son Pedro Alberto Pino, citado por la madre de Vélez como quien le informa que su hijo estaba preso en Sierra Chica; Saturnina Ramón Vélez; Jesús Rogelio Vélez, Alejandro Vélez y Rosa Carmen Muruaga.
Detenido y torturado
Eduardo Fronda estuvo detenido y fue torturado en la Delegación Salta de la Policía Federal antes de que su cuerpo acribillado apareciera en la zona cercana a San Lorenzo. Las notas periodísticas de Luciano Jaime le habían ganado el odio deJoaquín Guil, y también estuvo detenido días antes de ser secuestrado y asesinado. La Policía, con Guil y Gentil a la cabeza, fraguó un enfrentamiento en Rosario de Lerma para asesinar a Alfredo Matioli, Ricardo Tapia y los hermanos Marcos y Liendro Estopiñán.
Estas son algunas de las revelaciones que dejó la cuarta jornada del juicio que se desarrolla en la sala de grandes juicios de la Ciudad Judicial.
Siete testigos declararon el lunes pasado y, aún los reticentes, hicieron aportes para ir develando los actos de terror estatal cometidos en los años previos al golpe de Estado de 1976.
Carlos Holmquist, militante del peronismo revolucionario, detenido desde diciembre de 1974 (luego de la caída del gobierno de Ragone, con la intervención de José Alejandro Mosquera) afirmó que “el 3 o 4 de enero de 1975” Fronda estaba en la Delegación de la Federal, donde lo escuchó quejarse: “Me pegaron. Soy Fronda”, le dijo.
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