Su lucha y la de toda su familia es en cada día, a cada hora. Soportar el dolor, los tratamientos, reunir el dinero, hallar la fuerza de voluntad. Rocío Bazán tiene 8 años, acaba de pasar a 3er. grado y la solidaridad de los pampeanos le permite, al menos, alcanzar algo de alivio para su enfermedad.
Con ese objetivo desde hace un tiempo los padres de la niña organizaron una colecta de tapitas de plástico, que se extendió a toda la provincia. La aspiración era llegar a los 5 mil kilos y se cumplió con creces.
"Yo esperaba que pase esto porque toda la provincia ha ayudado, la ayuda de la gente es increíble. En estas campañas es impresionante cómo se ha acercado a nosotros y por eso yo esperaba que pase esto. A nosotros nos da la fuerza necesaria para seguir adelante", aseguró Mariano Bazán, el papá de Rocío.
En un primer momento la familia no tenía como transportar las tapitas al hospital Garraham de Buenos Aires. Esa carga se traducirá en dinero para el tratamiento de la niña.
"Por suerte ya me llamaron y conseguimos un camión grande para llevar las tapitas a una fábrica en San Martín, en la provincia de Buenos Aires. Ahí las vamos a entregar y ese dinero va a ser intocable porque lo vamos a destinar a la compra de los parches de Estados Unidos, son parches que no son la cura sino que mejoran la calidad de vida que es nuestro objetivo", describió Bazán por Radio Noticias.
Los mencionados parches, sin embargo, no han ingresado en el país en los últimos meses a raíz de los controles a las importaciones de algunos productos que dispuso el Gobierno nacional.
"Hay algunos problemas para conseguir el material, pero nosotros tenemos que seguir con los tratamientos. Es muy difícil, es una enfermedad que le hace tener padecimientos todos los días, con su alimentación, su vestimenta, todo. Nosotros somos una familia con dos hijos y por suerte ahora mi esposa está trabajando, pero es muy difícil porque si bien a Rocío la atienden en el hospital Molas siempre hay que viajar al Garraham para los controles", expresó.
El de Rocío es uno de los dos casos de "piel de cristal" registrados en la ciudad. Brisa Paz, que vive en la misma cuadra y tiene 9 años, también padece la enfermedad y recientemente su madre Carina se acercó a esta redacción para solicitar un trabajo.
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