Muchas de las obras pautadas al momento de trasladar la terminal de buses no se hicieron. El barrio sufre complicaciones que no han tenido solución. Los pluviales no se arreglaron y, ante las intensas lluvias, no sólo se inunda la zona; ahora hay un deterioro interior
Pero ahora, un nuevo problema en su interior aparece a poco menos de ochos meses de inaugurado el moderno establecimiento que recepciona a los turistas que arriban a la ciudad.
Además de los ruidos molestos que emitían los parlantes de las dársenas, la falta de inspecciones municipales en los comercios de la estación, los problemas que se generan por el estacionamiento de algunos micros en calles adyacentes y el desagüe de los baños químicos de las unidades; la lluvia hace estragos en la estructura del inmueble.
Tras varias horas de precipitaciones en Mar del Plata, la construcción de la nueva Terminal presenta serias fallas y las filtraciones de agua se hacen notar a simple vista.
El principal accionista de la empresa concesionaria de la nueva terminal, Néstor Otero, replica en ciertos casos a cada acusación por los reclamos y irregularidades que en su establecimiento acontecen, que no son inconvenientes ocasionados por el concesionario, sino por el poder concedente; es decir, el Estado nacional. En este caso, no es posible tan desconcertante respuesta.
En la reunión de Otero con los concejales a fines de febrero pasado, al concejal Carlos Arroyo (del Frente es Posible), se le ocurrió una comparación, que actualmente actúa como anticipo. Señaló, aún al admitir que la nueva terminal era un anhelo de los marplatenses, que “los turistas del Titanic también estaban contentos cuando se subieron al barco, pero se terminaron ahogando en el Atlántico Norte”. Demasiado.

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