La niña de 13 años que en marzo pidió un aborto no punible en la Maternidad provincial terminó accediendo a ese derecho en Buenos Aires. En Córdoba no encontró otra cosa más que trabas.
La historia de Malena (su nombre está cambiado al tratarse de una menor de edad) llegó a conocerse en todo el país, a mediados de marzo de este año. Era el primer pedido de aborto en Córdoba, después de que la Suprema Corte de Justicia fallara a favor de no penalizar esas prácticas cuando los embarazos son producto de una violación. Los datos que en ese momento se conocieron a través de la prensa fueron: “Joven de 13 años solicita un aborto no punible en la Maternidad provincial”.
Por esos caprichos de las noticias, que vienen y se van, nada más se supo de esta niña. Hasta que cinco meses después, la historia resurgió en una jornada sobre Aborto No Punible, que tuvo lugar el 31 de agosto en el Pabellón Argentina de la Universidad Nacional de Córdoba. Ana Morillo, trabajadora social del barrio de la niña, contó el final de la historia: Malena se terminó haciendo el aborto en el Hospital Argerich de Capital Federal porque en Córdoba no encontró respuesta.
Vaivenes. Un niño se sopla la nariz con todas sus fuerzas en la sala de espera de la Unidad Primaria de Atención (Upas) número 15, de Los Cortaderos. Viste una remera de boca y pantalón azul a rayas. En este sector del sur de la ciudad las carencias son el único denominador común: no hay luz eléctrica, ni agua potable, ni calles asfaltadas. Un solo colectivo (el R11) pasa cada 30 minutos. La mayoría de los vecinos son migrantes bolivianos, peruanos y paraguayos.
Morillo llega en un auto rojo y nos conduce hasta un consultorio. Fernando Suárez, médico del dispensario, relata cómo fue el encuentro con Malena y su mamá: “Una mujer pide hablar conmigo urgente. Cuando te dicen así, es que algo pasa. Sin que yo pregunte, me dijeron que la niña estaba embarazada, y que había sido producto de un engaño. Y agregan que no querían continuar con la gestación”.
Fue el lunes 19 de marzo, seis días después del fallo de la Suprema Corte. Según el relato de estos profesionales, Malena asistía al turno tarde de un secundario céntrico de la ciudad de Córdoba. Vivía junto con su padre (albañil) y su madre (ama de casa), tres hermanas (8, 10 y 16) y un hermano de 18 en una casilla cercana al dispensario de Los Cortaderos.
Una ecografía confirmó que Malena estaba encinta desde hacía 14 semanas y media. De más de dos meses. Sin embargo, ella recién se lo había contado a sus padres. El abuso se había producido a la salida de la escuela. En inmediaciones al Patio Olmos. Mientras esperaba el colectivo, un hombre se le acercó. Le hizo oler un pañuelo con una sustancia que la adormeció. Y cuando reaccionó, ya era demasiado tarde, contó Suárez. “La niña era muy introvertida. No tenía rasgos de mujer. Estaba en shock. No tenía conciencia absoluta de que estaba embarazada”.
El equipo de salud del dispensario se reunió al día siguiente. “Sabíamos que estábamos ante un caso de violación. Imaginábamos que había obstáculos. Pero nunca pensamos que iba a ser para tanto”, relató Ana Morillo. Por contactos, accedieron al hospital Materno provincial, ubicado en barrio San Vicente, y pactaron una entrevista para el otro día.
El miércoles 21 de marzo, el médico cargó a la familia en su auto y los llevó a la Maternidad, donde se armó un revuelo bárbaro.
El vicedirector del hospital, Daniel Cofone, así lo cuenta: “En el hospital se abrió una polémica que luego terminó en guerra. Porque la mayoría de los médicos y enfermeros se manifestaron en contra de hacer ese aborto. Muchos cometieron el error de hablar sin antes escuchar a la familia. Dijeron que la niña mentía. Pero quienes llevamos años en esto, sabemos que cuando una paciente llega con ojos llorosos, acompañada por una familia angustiada, está diciendo la verdad”.
Ese día, la familia se entrevistó por primera vez con los directivos del hospital, quienes pidieron una denuncia policial. Por la tarde, los padres radicaron la denuncia en la Unidad Judicial de Delitos contra la Integridad Sexual, la de calle Rondeau. Intervino la Fiscalía de Rubén Caro, después de que se apartara Alicia Chirino.
“Pedimos la denuncia para resguardarnos legalmente –reconoció Cofone–. Teníamos el fallo de la Corte pero no contábamos con indicaciones precisas sobre cómo hacer una declaración jurada. Córdoba todavía no tenía protocolo de actuación para esos casos. Y no teníamos otra manera de protegernos”.
Mientras, el reloj se quedaba sin arena. El jueves fue un día movido: la Nación manda un modelo de declaración jurada, el Ministerio de Salud provincial apoya a los médicos para que el aborto se realice y, mientras, continúan las entrevistas con jefes de servicio.
“Yo no estoy de acuerdo con legalizar el aborto –explicó el subdirector de la Maternidad–. A los obstetras nos forman para salvar la vida intrauterina, no para destruirla. Pero cuando se presenta un caso de violación, es diferente. Es un problema sanitario al que tenemos que dar respuesta”.
Y si el jueves fue ajetreado, el viernes lo fue mucho más. El diario La Mañana de Córdoba publicó el pedido de aborto. Y a raíz de la noticia, la colmena reventó. Periodistas hacían guardia en la puerta, abogados de la Fiscalía pedían información y el legislador Aurelio García Elorrio (Encuentro Vecinal Córdoba) acudió para entrevistarse con los directores. Fue acompañado por un abogado y una pareja que ofreció darle albergue transitorio al bebé de la niña. “Nos enteramos por la radio. Fuimos a dar nuestro apoyo a la familia, como lo haría cualquier persona”, diría García Elorrio más tarde.
“El caso explotó. Se nos fue de las manos. A veces los medios entorpecen las cosas. Y cuando hay prensa de por medio, damos un paso al costado”, reconoció Cofone.
Por la noche, activistas anti-aborto hicieron guardia en el hospital. Portaban banderas negras. Y más tarde, otros activistas pero del polo contrario llegaron para contrarrestar fuerzas. Mientras, la familia se escondía lejos de su casa y miraba por la televisión cómo los periodistas contaban la historia de Malena.
“No sabíamos qué hacer. Sabíamos que contábamos con la Maternidad Nacional, porque el decano (Gustavo) Irico había dicho que allí se harían abortos no punibles. Pero nos llamaron de Nación, gente del Programa de Salud Sexual, y nos aconsejó que mandáramos urgente a la familia a Buenos Aires”, contó Morillo.
Esa misma (eterna) noche del viernes, Malena y sus padres partieron en colectivo a Capital federal. Pararon en lo de unos parientes. Y cuando el sábado fueron a la guardia del Hospital Argerich, supieron que no todo iba a ser tan fácil. “El Argerich tiene un equipo especializado para abortos no punibles. Pero no trabaja los fines de semana. La niña recién pudo operarse el lunes siguiente”, informó Suárez.
Así fue cómo, siete días después de pedirlo en Córdoba, y a 703 kilómetros de distancia, Malena pudo sacarse de encima los últimos restos biológicos del abusador. Y cuando a los pocos días, Ana Morillo intentó localizar a la familia en el barrio, se dio cuenta de que ellos ya no estaban allí. Se habían ido de Córdoba. Otros ocupaban su vivienda en Los Cortaderos, al sur de la ciudad de Córdoba.
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Empezó en la UPAS municipal
Fernando Suárez y Ana Morillo, médicos de la UPAS 15 de barrio Los Cortaderos, fueron los primeros en asistir a la niña abusada que había pedido interrumpir su embarazo. Ellos la acompañaron a la Maternidad Provincial. La familia nunca volvió al barrio, después de lo que pasó.
¿Una presión a los padres?
El legislador Aurelio García Elorrio fue al hospital con una pareja para adoptar el bebé. Habló con el director y la familia.
Hubo trabas y demoras
En la Maternidad Provincial le pidieron que haga una denuncia judicial. Porque hay muchos médicos objetores, no le practicaron el aborto.
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