Al servicio de la vida

Al servicio de la vida
El arzobispo de Corrientes, monseñor Stanovnik, volvió a referirse a la concepción, recordó los roles de la fe y de la ciencia. La racionalidad de esta última es la que determina que hay vida humana desde el mismo instante de la fecundación, "por ende estamos en presencia de un niño por nacer, que tiene una dignidad sagrada", por consiguiente, especifica el prelado: "Ninguna ley humana puede atribuirse derechos sobre ella".
Para Jesús no hay medias tintas: o se vive entregando la vida en el servicio a los demás y de eso modo se la acrecienta; o se la vive para sí mismo y de esa manera se la disminuye", fueron las palabras del arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, durante la misa que ofició ayer en la Catedral, en el quinto domingo de Cuaresma y en coincidencia con la celebración del Día del Niño por Nacer.

En ese sentido, durante su homilía volvió a referirse a los distintos aspectos de la vida, la Vida Eterna, la vida plena y bienaventurada, la vida digna; también sobre la muerte, en qué momento arranca la vida de acuerdo con la ciencia y la religión, la defensa de la vida y del niño por nacer, la desprotección de la vida, la legislación contraria a la vida, las niñas madres y las madres de las niñas, los embarazos en la adolescencia, la construcción de la familia, etc. Nada escapó a su referencia a través de la cual volvió a fijar la firme posición de la Iglesia.

"Para Jesús no hay medias tintas: o se vive entregando la vida en el servicio a los demás y de eso modo se la acrecienta; o se la vive para sí mismo y de esa manera se la disminuye. Esa dinámica de muerte-vida atraviesa toda la existencia del ser humano y de cómo la resolvamos dependerá el comportamiento privado y público de los individuos. Porque una cosa es vivir para sí mismo y otra muy distinta es vivir al servicio de los otros", dijo.

"Aun cuando la mayoría de la gente tiene un sentido religioso de todo lo que vive, es necesario saber que también los argumentos que nos proporciona la razón, conforme a las últimas investigaciones de la ciencia biomédica, demuestran sobradamente que hay vida humana desde la fecundación. Entonces, sobre el dato acreditado por la ciencia, la fe afirma que esa vida humana es don de Dios; el pensamiento filosófico concluye que desde ese instante hay persona humana; y, sólo a continuación se legisla para otorgarle los derechos que le corresponden a ese ser vivo, reconocido como persona humana, y brindarle la correspondiente protección".

"La racionalidad de la ciencia y no la religión, es la que determina si hay vida humana desde el mismo instante de la fecundación y, por ende, si estamos en presencia de un niño por nacer. La razón científica comprueba que hay vida humana desde el primer instante de la concepción, y la fe nos revela que esa vida humana tiene una dignidad sagrada. Por consiguiente, ninguna ley humana puede atribuirse derechos sobre ella".

"Cuando se tiene claro que la persona es el centro de las instituciones y de las leyes, la ciencia y la religión se convierten en dos alas que despegan la comunidad humana hacia horizontes de felicidad y prosperidad social mucho más amplios e inclusivos, que si actúan aisladamente o se enfrentan entre sí".

"Oramos especialmente por las niñas madres y por sus familias, y por las personas que los están acompañando más de cerca. Oremos también por nuestros adolescentes y jóvenes, para que descubran que la vida es mucho más bella y feliz cuando se descubre que el amor puro es hermoso y que transitarlo vale la pena, porque es camino seguro hacia una vida más plena".

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