Sequía y fuerte calor marcaron el verano más severo en 40 años

Un estudio de la cátedra de Agrometeorología de la Universidad da cuenta de las condiciones más extremas en 4 décadas. Se combinó una marcada falta de lluvias con niveles térmicos muy elevadas
El fuerte impacto de la sequía en los cultivos de la región tuvo dos fundamentos centrales: la escasez de lluvia durante un período prolongado y la coincidencia en esa misma época de temperaturas por encima de lo normal. Ambas características convirtieron a este verano en el más severo de los últimos 40 años.

Esa es la conclusión a la que arribó un estudio desarrollado por el titular de la cátedra de Agrometeorología de la Universidad Nacional, Roberto Seiler.

El informe compara tres períodos de características similares: 1975/76, 1988/89 y 2011/12. Pero la conclusión es clara: este año fue el de condiciones más extremas, además, por la prolongación del fenómeno.

“Respecto de eventos ocurridos en el pasado y en particular los de sequía, si se considera para un análisis retrospectivo a manera de ejemplo una serie de una longitud de 40 años hacia atrás, se destacan incluyendo la situación actual, tres episodios importantes por su severidad y por la afectación simultánea a escala local, regional y en general en una gran extensión del área agrícola de Argentina. Estos fueron las sequías de 1975-76 y de 1988-89 y la actual afectando al ciclo 2011-2012”, explica el informe realizado por Seiler.

En el trabajo se explica que cada sequía tiene sus particularidades que la hacen más o menos severa, o única en su característica, según el momento de ocurrencia, las condiciones previas a la misma o la forma de combinación de los factores que la determinan, más allá del factor agua.

Una a una

El informe recuerda que la sequía de 1975-76 se comenzó a manifestar alrededor del 20 de noviembre de 1975, luego de un invierno e inicio de primavera relativamente normales a favorables. Las deficiencias de agua fueron significativas hasta fin de enero de 1976, aunque con lluvias durante ese período que por supuesto nunca alcanzaron el promedio. Luego el ciclo mostró una recuperación con lluvias importantes en febrero y principio de marzo.

Por su parte, la sequía de 1988-89 fue más larga que la anterior, desde inicio de octubre hasta fin de enero, habiendo tenido sólo un aporte más o menos significativo en septiembre de 1988. Sin embargo, durante el período de deficiencias ocurrieron lluvias y en particular algunas a comienzos de diciembre y de enero cuyos valores estuvieron ligeramente por encima de la normal.

“La sequía actual 2011-2012 muestra un patrón distinto de los dos casos anteriores. Condiciones de invierno con lluvias alrededor de lo normal o ligeramente por debajo de lo normal y luego buenos aportes de primavera principalmente en octubre y noviembre de 2011. En diciembre, enero y hasta casi el 10 de febrero se muestra una deficiencia severa, hasta que una precipitación de alrededor de 40 milímetros generó un alivio temporario frente al fenómeno (la sequía de ninguna manera ha terminado hasta aquí)”, destaca el informe.

Otra diferencia con las anteriores -agrega- lo marca la persistencia o constancia de la deficiencia de agua en el tiempo. Esto es en el orden de 30 milímetros por debajo de lo normal para casi todas las décadas de diciembre y enero, lo cual indica comparado con los eventos anteriores, que las lluvias fueron prácticamente cero o muy bajas en todo momento. “De haber precipitado cantidades iguales al promedio o cercano al mismo, implicaría por ejemplo alrededor de 30 o 40 milímetros cada 10 días, lo que de esta manera totalizaría 100 a 120 milímetros en cada mes, que es lo esperado para un diciembre o enero en esta zona. Sin embargo, considerando los aportes por encima de lo normal previos al período de sequía y la magnitud de la deficiencia hasta esta fecha, podría pensarse que buena parte de esta última podría haber sido compensada con los aportes iniciales del ciclo, de manera que la magnitud de las consecuencias no debería haber sido tanto como realmente se visualiza”, señala el trabajo de Seiler.

La temperatura

El análisis de la sequía planteado en el trabajo incorpora un factor clave que esta vez tuvo fuerte determinación para configurar un verano extremo: la temperatura.

“Durante la sequía de 1975-76, el centro del período de sequía coincidió con aproximadamente 30 días de temperaturas máximas medias por encima de las normales, aunque en distintas magnitudes según las décadas, pero alcanzando registros de alrededor de 5 ºC superiores a la normal. Valores térmicos de esa magnitud y esa época del año (mitad de diciembre) representan valores altos en sentido absoluto, por lo que agregan severidad al evento”, explicó el informe universitario.

En la sequía de 1988-89 también las altas temperaturas acompañaron el período seco, desde fin de octubre de 1988 a marzo de 1989. En ese lapso, octubre fue caliente en relación a las temperaturas de ese mes. En diciembre y enero las máximas fueron superiores a la normal pero variables según décadas, entre más elevadas y otras alrededor del promedio. Es decir que considerando un comportamiento medio durante los sesenta días, las temperaturas oscilaron alrededor de 1,5 ºC por encima de lo normal. Luego sobrevino otro período caliente durante febrero y parte de marzo, aproximadamente de igual magnitud que el de noviembre aunque más largo, pero en donde otra vez, las temperaturas en sus valores absolutos representan un efecto físico-biológico más moderado, señala el escrito.

Condiciones actuales

En la investigación de la cátedra de Agrometeorología se destaca también que la sequía actual estuvo acompañada por temperaturas máximas por encima de las normales desde septiembre hasta ahora.

“En septiembre-octubre el efecto térmico resultó en cierta manera moderado, pero desde noviembre en adelante los registros térmicos fueron altos, siempre por encima de los normales y con una tendencia de aumento sostenido hasta la primera década de enero de 2012, cuyas temperaturas marcaron un promedio de 8,7 ºC por encima de lo normal (días con temperaturas mayores de 40 ºC)”, remarca Seiler.

Este contexto significó entre 80 y 100 días ininterrumpidos de temperaturas máximas medias altas a muy altas, durante el tiempo climáticamente más caliente del año y además coincidente con una severa deficiencia de agua.

“Independientemente de hasta cuándo se prolongue la sequía actual, la misma se produjo en forma simultánea con otro fenómeno tal como una ‘onda de calor’ muy severa, tanto por su magnitud como por su duración. De no haber mediado esta combinación y por lo que se analizara anteriormente, se podría estimar que a igual deficiencia de agua pero con condiciones térmicas más moderadas las consecuencias físico-biológicas hubieran sido distintas hasta aquí. La ‘onda de calor’ generó un exceso de demanda de agua al sistema suelo-planta, imposible de ser suplido por el mismo máxime en condiciones de deficiencia de agua, lo que motivó el secado y hasta la muerte de las plantas”, destacó el informe, marcando la severidad que estas condiciones tuvieron especialmente para los lotes de maíz, aunque la soja no pudo escapar tampoco a estas inclemencias del tiempo.

“Las ondas de calor son en el presente un componente común en el contexto del calentamiento global y cambio climático. Muchas zonas agrícolas del mundo describen eventos de ondas de calor como ocurrencias cada vez más normales y frecuentes. Un ejemplo reciente fue el verano de 2010 (junio a septiembre) de Europa, en donde una alta presión, similar a lo acontecido en nuestro país en 2011-12, bloqueó la ocurrencia de lluvias generando a su vez altas temperaturas. Rusia experimentó un récord de altas temperaturas en ese verano con valores del orden de 16 ºC a 18 ºC por encima de la normal en julio y agosto. Fue para Rusia la peor sequía desde la de 1972, con importantes disminuciones de rendimientos de los cultivos, numerosos incendios y efectos significativos en los humanos y en sus actividades”, explica el informe de Seiler.

Y concluye: “La onda de calor, aunque más atenuada en estos días aún persiste, hace la particularidad de la sequía 2011-2012 en Argentina. En un año de ‘Niña moderada’ según los pronósticos y que resultó en consecuencia, no era esperada tal simultaneidad entre intenso y persistente calor y severa sequía. Esta particularidad de caso sin duda agrega una experiencia más y una nueva presión en la búsqueda de mejores estrategias de adaptación”, finaliza el estudio.

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