Hemos tenido absoluta paciencia hasta hoy, guardando el respetuoso silencio, que como representantes de la justicia ustedes se merecen, esperando que nuestro Recurso de Amparo presentado junto a nuestro abogado el martes 22 de junio en Receptoría General de Expedientes de los Tribunales de Azul, tuviera «la respetuosa aceptación» por parte de ustedes para analizarlo y contestar la petición formulada en dicha documentación.
Lo hicimos porque creemos en la justicia.
Lo hicimos porque hemos dado muestras de una larga convivencia, incluyendo la crianza de hijas desde época de niñez y adolescencia hasta que lograron despegar de nuestro lado y encauzarse en sus propios destinos.
Lo hicimos porque transitamos la última etapa de nuestras respectivas vidas (71 y 76 años) y creemos firmemente que nos merecemos este reconocimiento legal, después de haber volcado nuestros esfuerzos personales y profesionales en este Azul al que amamos y al cual pertenecemos.
¿Y qué hemos recibido de vosotros?
Primeramente el sorteo recayó en el Juzgado del Dr. Rocca, quien se excusa por razones que creemos por demás de justificadas y que nosotras valoramos y resaltamos en esto su hombría de bien.
En segundo término se excusa el Dr. Carlos Andía.
Diferentes interpretaciones en el ámbito local de la Justicia sobre una acordada de la Suprema Corte en las designaciones de los jueces para intervenir en el amparo, fue dilatando la aceptación de la misma.
La Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal de Azul se declaró también «incompetente».
El Juzgado en lo Contencioso y Administrativo Departamental, a través del Juez subrogante el Dr. Osvaldo Héctor Sachet, tampoco aceptó el amparo.
Luego desde la Suprema Corte se decide que es la Cámara Penal la que debe designar un Juez evitando más dilaciones. Allí se designa nuevamente al Dr. Andía quien pide reconsideración y se la otorgan.
Por último se designa a la titular del Juzgado de Garantías Nº 2 de Azul, Dra. Dora Fernández Seixo, quien hoy nos enteramos también se excusó y devolvió el caso a la Cámara la que todavía no decidió al respecto.
Señores Jueces, cómo verán ustedes tuvimos la suficiente paciencia para acallar nuestros sentimientos hasta aquí.
Qué pasa?
No salimos de nuestro asombro y nos preguntamos ¿Qué pasa? ¿Qué pasa con nuestros magistrados? ¿No son competentes? ¿Quema mucho nuestro amparo? ¿Es muy tedioso leer las 87 páginas del mismo? ¿Verificar las leyes y los tratados internacionales que de allí surgen?
¿O son muchas las presiones que reciben?
Señores Jueces ustedes han recibido de la Suprema Corte Bonarense las indicaciones precisas para ser tomado nuestro caso como referencia en todo el ámbito de la justicia provincial.
¿Qué esperan? ¿No se dan cuenta que con vuestra actitud «al lavarse las manos» están escandalizando a la población? La ciudadanía se dice a esta altura «¡Mirá qué jueces tenemos en Azul!»
Ustedes escandalizan más con vuestra actitud que nosotras con nuestra petición.
María Luisa Veltri L.C: 3.765.895 - Elva Haydée Gratas Abot L.C: 1.430.872
N de la R: Nuevamente la justicia azuleña, sigue con la constante de estar descomprometida con la sociedad, sigue con el ocultamiento de los hechos tal el caso del Juez Saladino, como otro tantos casos que se mantienen en un silencio sepulcral, como el caso que salió a la luz gracias a la prensa , caso Alberto Castellar quien fuera condenado por abuso deshonesto que casi no tuvo repercusión, solo porque los empleados del diario El Tiempo jugaron sus ropas al publicarlo.
La misma justicia azuleña que incurre en nepotismo donde los empleados que ingresan lo hacen por ser hijos, sobrinos, tios o cuñados de los jueces de turno. De ser mentir esta aseveración pida señor lector nombres de apellidos ilustres que han ingresado a la justicia en los últimos tiempos: apellidos ilustres como Pagliere, Serradell entre otros.
Es ahora esta misma justicia y estos jueces los que se excusan de tratar un tema que está en la boca de la sociedad. Son los mismos jueces que gozan de los privilegios de estacionar de manera prohibida para el resto de la sociedad, que no pagan impuestos a las ganancias y que sus salarios son diez veces mayores a un jubilado privado.
Una verdadera vergüenza que se demuestra en cada accionar de la justicia lugareña.
Debemos exceptuar de esto a algunos magistrados verdaderos señores que son, como siempre, la excepción a la regla.
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