Por Eduardo AmadeoDiputado Nacional, Peronismo Federal
El 1º de Marzo, básicamente la Presidenta perdió una magnífica oportunidad de sentar las bases de un final exitoso para su período de Gobierno. Si en lugar de haber insistido en su visión maniquea de la vida, hubiese ofrecido la posibilidad de un diálogo para construir la agenda hasta el 2011, hoy tendría no menos de 10 puntos más de popularidad.
Si el Gobierno reconociese esta ecuación y, en lugar de la negación patológica intentase desarmar expectativas negativas con propuestas racionales, no sólo lograría apoyo político, sino que el costo de la transición sería mucho menor para él.
No hay maneras mágicas y neutrales para reducir las expectativas, lograr financiamiento y bajar la inflación. En este punto, hay que intentar un proceso de reversión paulatina de las expectativas y desarmado de los conflictos. Pero es posible. Entre algunas de las ideas, debería el Gobierno traer al Congreso una propuesta de presupuesto que fuese financiable, compartiendo lo que falta financiar y cuales son las ideas reales al respecto; explicitar sus expectativas fiscales y monetarias a dos años, y sobre esa base proponer un programa de metas de inflación; revisar los subsidios en función de su nivel de equidad; proponer un programa paulatino -pero inamovible-de regularización de la situación fiscal de las provincias; recortar(como gesto importante) todos los gastos superfluos; entrar en la discusión parlamentaria del Indec; aceptar la discusión sobre el uso de las reservas.
Si , como parte del paquete, la Presidenta cambiase su discurso, y pusiese el largo plazo como una propuesta hacia la ciudadanía, aceptando errores y abriendo el diálogo, el impacto de todo el paquete sobre los mercados, sería tan fuerte, que aliviaría la carga financiera que hoy tiene.


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