Hay uno por bloque y estos crecieron por los nuevos partidos y las peleas internas. A quienes ocupan el cargo les dan 1.000 pesos por mes en viáticos que deben rendir.
El cambio que se produjo fue adelantado por Los Andes en su edición de ayer. Juan Carlos Jaliff dejó de ser el vicepresidente de la Cámara y su lugar fue ocupado por otro radical: Gerardo del Río. Este cambio fue fruto de un acuerdo interno del radicalismo.
Los tres intendentes del sector interno conocido como los Territoriales (el rivadaviense Ricardo Mansur, el paceño Gustavo Pinto y el juninense Mario Abed) habían solicitado hace algunos meses que, en premio a la victoria electoral que los tres podían exhibir, se le diera a un legislador del sector la vicepresidencia del Senado y el señalado por ellos era el antecesor de Mansur en el municipio de Rivadavia, desde diciembre senador provincial.
Ser vicepresidente del Senado es más un título honorífico que otra cosa. La función es remplazar al vicegobernador Carlos Ciurca (presidente natural de la Cámara) y a la presidenta provisional del Senado, Miriam Gallardo (que en sí es una vice de Ciurca), en el comando de las sesiones, cuando alguno de los dos anteriores debe ausentarse. Eso ocurre rara vez y generalmente cuando Ciurca está a cargo del Poder Ejecutivo y Gallardo tiene que ausentarse de las sesiones por períodos generalmente muy cortos.
A pesar de que la tarea no exija más que el conocimiento del reglamento de la Cámara y de la Constitución, hay una recompensa de mil pesos en viáticos mensuales que deben justificarse religiosamente y que algunos aseguran que no se cobra. Sin embargo, en caso de cobrarse, no es dinero de plena disponibilidad y está estrictamente vinculado a la gestión como autoridad de la cámara, algo así como un gasto de representación.
Reglamentariamente está previsto que haya un vicepresidente por bloque legislativo. En un tiempo lejano, era costumbre que sólo hubiera tres bloques (PJ-UCR-PD), por lo que históricamente ése era el número de vices que había. Pero, con el avance de nuevas fuerzas políticas, las divisiones internas de las que había y algunos caprichos, fueron apareciendo más bloques y por lo tanto más vicepresidentes de Cámara.
La cuestión es que, en este período de sesiones que se inaugurará el 1 de mayo próximo, se han multiplicado los bloques y, por lo tanto, se multiplican los vices. Incluso dos de las bancadas están conformadas por una sola persona (el caso del peronista federal Gustavo Valls y el del macrista Gustavo Cairo): hasta ellos ligaron una vicepresidencia.
Así es que el vicepresidente es Del Río y lo siguen el vice primero Ricardo Pettignano (Eje Peronista); el segundo es Sergio Montes (Unidad Popular); el tercero es el demócrata Ernesto Corvalán; la cuarta es la neokirchnerista de Nuevo Encuentro Alejandra Naman; el quinto es Cairo y el sexto es Valls. En total siete autoridades de cámara.
Todo se fue desmadrando. La mecánica es: proponer un nombre, votarlo y Ciurca tomaba los juramentos en el hemiciclo del recinto. Así en cada caso. Entonces se multiplican los abrazos y los gestos de buena convivencia política. Así, la sesión se estiraba y las bromas estaban presentes. En el momento que juraba Cairo, alguien notó que lo hacía con la mano izquierda sobre la Biblia. Otro sugirió que esa jura "es lo único que Cairo puede hacer con la izquierda". Pero el macrista no fue el único; también fue con la mano cambiada la presidenta provisional del Senado.
Luego, cuando se proponía el nombre de Valls, el vicegobernador Ciurca tocó involuntariamente el interruptor de la chicharra con la que se llama a sesionar. Otra vez las risas contenidas. Mientras tanto, Jaliff prometía presentar un proyecto para modificar el reglamento de la Cámara porque siete vicepresidentes son demasiados.


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