POR RICARDO ROABoudou estuvo a cargo de la Presidencia, Mariotto de la provincia de Buenos Aires y el teniente coronel Berni de la seguridad. Por lo que se vio, fue una semana que vivimos en peligro.
“¡Buenas noches para todos! Mañana iré a Rosario para encabezar las celebraciones por el bicentenario de la creación de la bandera ”, anunció el martes, fervoroso, en su Facebook. Una pena: eso ya lo había festejado Cristina cuando correspondía, el 27 de febrero. Lo que él debía presidir en ausencia de ella era el 192 aniversario de la muerte de Belgrano . Para colmo, el prócer preferido de la Presidenta.
El fuerte de Boudou no es la historia.
Tampoco lo son las leyes: ese mismo día había amenazado a Moyano con aplicarle a Camioneros la Ley de Abastecimiento, prevista para los empresarios y no para los sindicalistas. Usarla con los gremios implicaría criminalizar el derecho de huelga.
Mariotto dejó hecho un poroto a Cobos : se dedicó a usar la pelea con Moyano para atacar a su jefe Scioli, aprovechando que estaba de viaje. La manera de hablar de Mariotto es como su presencia: tosca. Y además, obsecuente: de cada tres frases, una la dedicó a pegarle al gobernador, otra a repetir consignas y la tercera a ensalzar a Cristina , como en las propagandas de Fútbol para Todos. Es de los que cree que progresar en el Gobierno consiste básicamente en practicar la alcahuetería.
En la semana nos enteramos también que otro copiloto, el viceministro de Seguridad, teniente coronel Berni, es un estratega astuto. Había asegurado que no iba a faltar combustible y luego, frente a los micrófonos, alardeó de haber engañado al piquete de camioneros que bloqueaba una destilería en La Matanza. Todo porque alcanzó a filtrar ocho camiones de los cien que salen por día de esa planta. Ya ocho eran bien pocos, y encima la mitad se escaparon vacíos. Se merece un ascenso.
La ineficacia es contagiosa. Desde la reestatización en 2008, el Gobierno le dio a Aerolíneas una montaña de plata: US$ 2.861 millones. A fines de mayo había gastado casi todo el presupuesto del 2012.
Y cada vez pierde más (ver La gestión de La Cámpora muestra ineficacia y descontrol). La misma improvisación asoma en la crisis energética, el descontrol inflacionario, el corralón del dólar que no logra frenar la fuga de divisas o en las trabas a las importaciones que le pegan a la inversión y al proceso productivo.
La falta de conducción está tan presente en la política y el conflicto con Scioli y Moyano como en el manejo de la economía. Y ya no puede ser ocultada.

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