Una semana después

El pasado viernes 8 de octubre tuve la oportunidad de participar, en Río Gallegos, sin saberlo, del último acto político de Néstor Kirchner en su provincia.
La idea de viajar a la capital santacruceña y después a El Calafate para disfrutar de la maravilla del glaciar Perito Moreno durante ese largo fin de semana que se prolongó por el festejo el 126 aniversario de Ushuaia, surgió durante la tarde del jueves 7, por lo que sin más preparativos que algo de vestimenta para toda la familia, partimos junto mi esposa y nuestros tres hijos al amanecer de la mañana siguiente.

Sin mayores problemas para cruzar hacia el continente, arribamos a Río Gallegos cerca de las 4 de la tarde, unas tres horas antes del horario estipulado para al acto en apoyo al gobernador Daniel Peralta.

A medida que nos acercábamos al centro de la ciudad se fueron multiplicando las pancartas y carteles respaldando a la Presidenta de la Nación y proclamando “Kirchner 2011”.

Una vez acomodados en el hotel, partí con cámara en mano y grabador hacia el Boxing Club. Ahí me esperaba un estadio imponente, cubierto de militantes peronistas, dirigentes políticos, representantes sindicales por doquier y la comunidad en general expresando enérgico apoyo a Peralta y Néstor Kirchner, que era coronado por el acompañamiento de 14 gobernadores, junto a funcionarios y parlamentarios nacionales.

Sin lugar a dudas, muchas con las conjeturas que se manifestaron en torno a los últimos días del ex mandatario. Su paso por Río Gallegos. Sentarse en la mesa del café que solía frecuentar, pasear con la presidenta por la avenida principal, visitar a viejos amigos, la adquisición de una parcela en el cementerio local algunos días antes… en fin, con los hechos consumados surgieron elucubraciones sobre el verdadero estado de salud del Lupo, del Lupín como se lo llamaba con afecto en su pueblo natal, y si él era consciente del mismo.

Sin embargo, la percepción de una despedida anticipada del ex presidente de la Nación, la sentí ese viernes 8 de octubre a la noche en el Boxing Club cuando anunció el traslado de su domicilio, nuevamente a su ciudad natal, para "pelear y luchar junto a ustedes”.

Ese hecho por sí solo no decía mucho, pero el tono de su discurso, el reemplazo de esa fuerza y esa vehemencia que lo acompañó en cada lugar del País donde fue transitando a partir del 2003, por otro reflexivo y conciliador y pidiendo el acompañamiento a la Presidenta, me produjo una sensación de que se estaba despidiendo de algo o de alguien.

Aún vuelven a mí las palabras de Néstor Kirchner pidiendo el apoyo del pueblo para que Cristina siga luchando con todas sus fuerzas por la ley de medios, para que en la Argentina deje de ser extorsiva la justicia cautelar; para consolidar la distribución del ingreso, por el fortalecimiento del federalismo, para consolidar la derrota a la pobreza y a la indigencia… que siga luchando con todas sus fuerzas para construir cada día más justicia y más equidad.

“Sé que la aman y la quieren, y que ella les cuida las espaldas y esta permanentemente con ustedes”, expresaba ante el clamor popular que bajaba de las graderías, tras exhortar a cuidar la provincia, que “es una tierra que necesita del cariño de todos y no del enfrentamiento y la confrontación de nadie”.

“Soy uno más de ustedes, amen mucho a esta tierra. Cuidemos el destino de nuestros pibes”, reclamaron sus palabras en el último discurso pronunciado en su tierra natal.

Salí de ahí, busque a mi familia para compartir la cena con un compañero integrante del sindicado estatal de UPCN de nuestra provincia, y la sensación de despedida, de alejamiento, surgió en la charla.

A la mañana siguiente, rumbo a El Calafate los periodistas de una emisora local expresaban lo mismo, por lo que me di cuenta que no era solamente una construcción propia, sino que esa sensación de despedida había sido receptada por muchos.

Este viernes leyendo la crónica detallada del fallecimiento de Néstor Kirchner, realizada por Horacio Verbitzky en Página 12, donde dice que su madre, María Ostoic, le dijo que el acto en el Boxing le sonó a despedida, volvió a mí lo que había sentido una semana atrás y me descubrí pensando en las señales que vamos dejando en el camino, quizás sin darnos cuenta, quizás sin pensarlo, quizás sin programarlo.

Sin embargo, Néstor Carlos Kirchner se fue, despidiéndose de los suyos, de sus amigos, de sus lugares, de los argentinos, quedándose en el corazón y en la fortaleza que vimos en Cristina y en sus hijos, y en todos aquellos que, con el ex presidente sintieron recuperar la dignidad de ser personas en un país plagado de injusticias sociales. Después de una semana de su muerte, siento que nos ha dejado la esperanza y la certeza de que todos juntos podemos construir un mejor País de trabajo, solidario y comprometido con el futuro y con nuestra propia historia.

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