En el marco de las investigaciones que se sustancian en los estrados judiciales tucumanos por la posible contaminación ambiental producto de las actividades industriales (en especial ingenios azucareros) que amenazan la biodiversidad de los efluentes hídricos de la provincia como de estados vecinos, uno de los posibles implicados en este tipo de causas, el empresario Jorge Rocchia Ferro, negó que establecimientos industriales por él comandados incurran en una degradación ecológica.
Así lo sostuvo ante el juez federal Mario Racedo, a modo de deslindar su responsabilidad frente a los hechos que describen una hipotética contaminación con vinaza en la cuenca Salí-Dulce que Tucumán comparte con Santiago del Estero. De esta forma, Rocchia Ferro, no admitió como verdaderas las imputaciones respecto a que el Ingenio La Florida, ubicado en el departamento Cruz Alta, deposite sus desechos industriales en las aguas de los cursos hídricos descriptos anteriormente.
Cabe recordar que la indagatoria llevada a cabo por Racedo responde a una causa iniciada en 2006 contra el titular de dicho ingenio, pues, en su operatividad, estaría infringiendo el artículo 55 de la Ley nacional 24.051 de Residuos Peligrosos. A partir de ahora, es inminente la resolución que adopte el magistrado orientada a determinar cómo se desarrollará la situación procesal del empresario aludido.
Vale señalar que, en una primera instancia, la esposa de Rocchia Ferro fue llamada a prestar declaración por este tópico, sin embargo, los abogados patrocinantes de Catalina Lonac, arguyeron en la Justicia que su clienta no ejercía el directorio de esa empresa al momento en el que data la acusación.
Entre uno de los aspectos probatorios que se poseen para el estudio de esta causa judicial, figura una pericia realizada por Gendarmería Nacional en la zona aledaña donde aparentemente se volcarían los efluentes del ingenio, caracterizado por poseer la mayor destilería de alcohol de caña radicada en el país.
En tal sentido, de acuerdo a los datos obtenidos en el estudio en cuestión, se detectó un exceso en los parámetros de demanda bioquímica de oxígeno (DBO) de una cifra 33 veces mayor a lo autorizada por la ley.
Asimismo, en un recorrido llevado a cabo por técnicos de la Secretaría del Agua de Santiago del Estero, pudo observarse que los principales tributario del embalse Río Hondo (Medina y Salí) no registran niveles de oxígeno, a lo que debe adicionarse la presencia en sus "espejos" de agua de una gran mancha negra que se destaca por un olor putrefacto y nauseabundo, lo que ha provocado, al mismo tiempo, la mortandad de una gran cantidad de peces a lo largo de casi un 33 por ciento del total de las 33.000 hectáreas por las que se extiende el Embalse.
"El río Salí exhibe el agua de color negro y olores cloacales que no se puede estar. En estos cursos de agua no hay presencia de vida ictícola, al contrario está contaminando los sectores del lago donde antes teníamos presencia de peces y el agua tenía una relativa transparencia", dejó trascender una fuente especializada del organismo santiagueño consultada por el diario El Liberal de esa provincia.
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