Viajar llevó hasta dos horas más por día, se encarecieron los taxis y a muchos les descontarán horas de trabajo.
El paro total de actividades en las seis líneas de subtes y el Premetro arrancó el viernes 3 de agosto a las 21. El sábado 4, uno de los metrodelegados, Carlos Taborda, le anticipaba a Clarín que la situación venía complicada: “La medida de fuerza es por tiempo indeterminado”. Pero quién podía imaginar que el término implicaría diez días (seis de ellos laborables) sin el transporte público que todavía permite que haya cierta fluidez en el tránsito porteño.
Día tras día la gente fue acumulando estrés, cansancio, agotamiento y horas y horas de tiempo perdido en colectivos, caminando o en taxis.
Algunos optaron por usar bicis –se duplicó el alquiler en el sistema público , una buena alternativa para zafar del tránsito– o aprovechar los micros escolares que puso el Gobierno de la Ciudad que, aunque avanzaban a paso lento, al menos eran gratuitos .
Sin duda una de las postales de estos días sin servicio fueron las colas en las paradas de plaza Constitución: multitudinarias.
En esta terminal se estima que los pasajeros tuvieron seis horas de espera en los seis días hábiles. La misma cantidad de horas que hubo que esperar para conseguir un radiotaxi.
Por ejemplo, los 12 minutos que se tardan en ir desde Puán a Plaza Miserere (Línea A), se transformaron en una hora al reemplazar el subte por un colectivo, según casos narrados a Clarín durante la medida de fuerza. En seis días hábiles son cinco horas más.
Para los que habitualmente toman la Línea E, la cosa no estuvo mejor. Los 25 minutos que demanda el trayecto entre Emilio Mitre y Bolívar se transformaron en 1 hora y 30 minutos en colectivo. Es decir, 6 horas y 30 minutos más en los seis días hábiles de paro.
Y moverse en auto por la Ciudad también tuvo sus complicaciones. Especialmente en las horas pico porque trayectos cortos, de pocos minutos –como ir desde Once a Retiro–, pasaron a ser casi de una hora. Pero además, la complicación para conseguir espacios para estacionar , tanto en las calles como en garajes, que en muchos zonas centrales se vieron desbordados.
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