Seduce, sofoca, ilusiona, expulsa

El peronismo es un imán que tiene a todos a su merced. A los propios y a los extraños. Nos ha hecho creer que es como la madre de todos los argentinos.
Por eso, muchos de los que quieren ser algo en la política -o seguir siéndolo- no dudan en imantarse a la estructura del PJ.

El intendente Omar Parisi acaba de tirar a la basura su carnet del Partido Demócrata al mismo tiempo que blanqueaba su relación sentimental con el peronismo.

¿Qué le van a decir los popes gansos al intendente de Luján si hasta el propio Partido Demócrata decidió llevar como candidato a presidente de la Nación al peronista disidente Alberto Rodríguez Saá?

La vuelta de un “lasherindio”

El peronista transversal (o peronista cobista) Guillermo Amstutz, quien antes fue algo así como la quintaesencia del peronismo lasherino, ha mutado ahora a candidato a intendente de !los radicales! en Las Heras.

Es la única forma que “el Guillermo” ha encontrado para poder ganarle a otro peronista, su ex amigo y delfín Rubén Miranda, quien se postula para seguir cuatro años más en la intendencia.

El peronismo lo abarca todo.

La “Cris” en Mendoza

En nuestra provincia dos estrellas del peronismo nacional tienen la mayor intención de voto para presidente en octubre.

En primer lugar, Cristina Fernández de Kirchner, representando lo que podríamos llamar todavía “centroizquierda peronista”.

En este ítem hay que decir que no han sido buenas las primeras mediciones realizadas tras los escándalos de corrupción en organizaciones o reparticiones paradigmáticas del Gobierno nacional.

¿Pum para abajo?

El desmanejo de fondos estatales en la Fundación Madres de Plaza de Mayo y el clientelismo desbordado en el Inadi (Instituto Nacional contra la Discriminación), le habrían hecho bajar 5 puntos a la intención de voto que venía registrando la mandataria.

En Mendoza el segundo lugar para las presidenciales de octubre está ocupado por el peronista puntano Alberto Rodríguez Saá, a quien uno podría suponer como un dirigente que está en las antípodas del mendocino medio. Pero el camino al infierno está empedrado de estas suposiciones.

Mancha todo

El peronismo es como un tuco que se desparrama por la pasta política, de uno a otro extremo del plato, tiñendo todo el contenido.

El peronismo es pegajoso, es un bochorno estival que nos empapa.

Que lo diga, si no, el intendente radical de la Capital, Víctor Fayad, quien no dudó un instante en entreverarse en una extraña liasson con el gobierno de Celso Jaque, del que sacó muy buena tajada ya que se le abrieron puertas y fondos para lucirse en la Capital.

Cleto no, yo sí

Cuando el peronista Néstor Kirchner sumó a Cobos a su proyecto concertador, Fayad por poco lo pulverizó a Cleto por impuro.

Pero al poco tiempo no dudó él mismo andar de cogote cruzado con el peronista Jaque.

Es que, en la visión de Fayad, él es un radical iluminado que no le debe rendir cuentas a nadie porque en su caso volvió a la intendencia sin el apoyo contundente de la UCR.

En momentos en que muchos de su mismo partido trataban con desprecio al peronista Celso Jaque, algunos opositores, como el radical Fayad y el demócrata Parisi, no dudaron en juntarse con él y aplaudirlo.

Otro radical, Alfredo Cornejo, intendente de Godoy Cruz, ahora un poco más clásico en su relación con el peronismo luego de haber sido cobista K, se bajó de su precandidatura a gobernador cuando intuyó que el radicalismo no le daba las garantías de apoyarlo al 100% para no perder con el peronismo.

¿Lo muestran o no?

Es de película el poderoso magma del peronismo.

Porque se trata no sólo de una fuerza que trastoca los planes de los opositores sino que zarandea para bien o para mal a los del propio palo.

Que lo diga, si no, el mismísimo Jaque, que ahora carga con el estigma –salido de la propia entraña peronista– de que no es conveniente que él se muestre en la campaña de Paco Pérez, lo cual ha dado lugar a debates de todo tipo dentro del partido.

Un extraño soñador

El peronismo gesta y luego expulsa. Que lo diga, si no, ese verdadero personaje del vodevil político que es el vicegobernador de la provincia, Cristian Racconto.

En el 2007 fue presentado por el peronismo como un muchacho salido de lo mejor de “la gente”, un antipolítico soñador, un arquitecto con visión social.

A los pocos meses de ser gobierno, Racconto ya había roto con Jaque, pero no para convertirse en el representante de “la gente”, no para ser la otra cara de lo que él criticaba, sino muy por el contrario, para lanzarse a buscar “aparato” dentro de lo peor del peronismo.

Son así, ¿vio?

Los peronistas tienen cosas maravillosas. Como ésa de descubrir un desfalco contra el Estado, como el que denunció por estos días el propio gobierno de Jaque en el Ministerio de Hacienda, pero que luego enturbian cuando quieren poner en primer lugar que los funcionarios infieles habían sido nombrados en la época de Cobos, aunque una parte importante del fraude se haya hecho en épocas peronistas.

El susurrador

La idea es que en este país nada se puede hacer sin el peronismo.

Qué es, si no, la decisión forzada de Ricardo Alfonsín de tener que pactar con el peronismo de Francisco De Narváez para poder hacer “pata” en la provincia de Buenos Aires, que es la llave que abre la posibilidad de engordar las urnas.

El peronismo, que es Menem y la Cámpora, Cristina y Cavallo, Florencia Peña y Felisa Miceli, las manzaneras y el banquero Carlos Heller, tiene la enorme virtud de habernos hecho creer que es como la madre de todos los argentinos, algo irremplazable, la tabla del náufrago. La leche de la teta.

Un imán que nos susurra: “Sólo yo puedo gobernar, vengan todos, sean de izquierda o derecha, de arriba o de abajo, ricos o pobres, honestos o tahúres. Vengan”.

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