La sede del TAFS cumple su primer medio siglo

"Un sueño que, en apariencias, poseía pocos visos de cordura, sin embargo medró hasta engendrar una realidad tan concreta y palpable como un edificio completo dedicado al teatro independiente, señero en el país"
Corría, como dicen las viejas crónicas, el año 1956. Era la última función de "Lo que no fue", el clásico de Noel Coward que el TAFS ofrecía en el Centro Español, donde funcionaba entonces el teatro local...

"Norberto Manzanos sale a proscenio y anuncia que no sólo baja de cartel ese espectáculo, sino que éste ha sido, también, la última actuación del TAFS. 'Les informamos -dice Manzanos, rodeado por el elenco- que mañana disolvemos el Teatro Libre Florencio Sánchez'..."

"Ante esta noticia apocalíptica, algunos espectadores se niegan a aceptar la decisión sin una consulta previa; convocan a una reunión de actores, colaboradores, ex miembros, amigos y vecinos. Allí, luego de describirse el crítico panorama (divergencias con la CD del Centro Español), debatir dos horas y ya casi resuelta la disolución, el vecino Víctor Hassan se pone de pie y formula una propuesta insólita para ese momento de repliegue y frustración: 'Lo que el TAFS necesita es un local propio. Allí podrá recuperar el empuje, tendrá siempre su lugar, y no dependerá de nadie. Hay que comprar una casa'..."

"Tal vez porque la idea parecía imposible fue aprobada por aclamación; todos los asistentes se comprometieron con entusiasmo y el TAFS fue fundado por segunda vez..."

"La epopeya que se inaugura no es, como siete años atrás la ocurrencia de un pequeño grupo de jóvenes que no pueden quedarse quietos. Los jóvenes ya son adultos y muchos hombres de Rojas están orgullosos de tener al TAFS en su ciudad. Se afianza el Círculo de Amigos y se unen a Víctor Hassan más vecinos, como Celeste Otegui, Carlos Balduzzi, Ruperto Treves y Luis Pozzi, entre otros. La primera actividad es la organización de una rifa. Se comprometen a entregar un automóvil Opel y dedican el año 1957 a vender los números dentro del partido. resulta ganador un rojense, el catalán Enrique Llop. Al año siguiente sortean un Borgward Isabella y recorren toda la provincia en un viejo automóvil, un Dodge 1938, que arrastra un acoplado en el que exhiben el auto del premio, y convierten en escenario en cada pueblo: ofrecen escenas de 'El médico a palos', de Moliere, y de 'Historias para ser contadas', de Dragún; una conferencia sobre el TAFS, y venden las rifas. El Borgward queda en Pergamino. Esta gira la conduce Manzanos, acompañados por Carlos Alonso, Elías Julián y Carlos Carrasco".

"Con los fondos provistos por la primera rifa, se compra un terreno en la manzana que perteneciera a la familia Gutiérrez Plummer, en la avenida 25 de Mayo, a tres cuadras de la plaza (...) Por medio de Onofre Lovero y de Saulo Benavente, a quienes confían el plan, conocen al arquitecto Anselmo Barbieri -responsable de la construcción del Teatro de los Independientes- quien proyecta el edificio y dirige la obra, secundado por el constructor Felipe Bernal y con la eficiente administración de Luis Pozzi. Todos, por supuesto, sin cobrar un centavo".

"El pueblo entero colaboró y celebró, paso a paso, el crecimiento del edificio..."

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El excerpt, que hemos transcripto de la excelente crónica documental "Los porfiados actores de Rojas", elaborada para el cincuentenario de la institución, por el periodista y crítico teatral Pedro Espinosa, a efectos de situarnos en tiempo y espacio, apunta un momento crucial en la historia del Teatro Libre Florencio Sánchez, nuestro TAFS, que en este mes conmemora un nuevo y especial acontecimiento, a 62 años de su fundación: la creación de la casa propia.

Más aún: revela la explosión de un sueño que en apariencias poseía pocos visos de cordura y que, sin embargo, medró hasta engendrar una realidad tan concreta y palpable como un edificio dedicado al teatro, señero en el país en general y en nuestra provincia en particular; un verdadero motivo de orgullo para la ciudad y para el movimiento teatral independiente.

Puede resultar injusto o exiguo arrogar méritos en una obra de esa naturaleza; pero es posible señalar a gente que aportó decididamente lo suyo para que se concretara.

Porque el párrafo anterior revela un hecho puntual y algunos nombres precisos: la famosa rifa del Borgward Isabella, que permitió iniciar las obras de construcción del edificio (con una rifa anterior, como explica Espinosa, se había comprado el predio), y que generó, para la posteridad, una crónica plagada de anécdotas, de dichos, de entredichos y de sucedidos, que forma parte sustancial de la historia del Teatro Libre Florencio Sánchez.

Norberto Manzanos, el Gordo, o Chalo, Elías Julián, el Turco, y Carlos Alonso, Pirucho, ya no están entre nosotros; pero del grupo original que recorrió con un Dodge 1938 y un acoplado donde se exhibía el Borgward y, a la vez, se montaba un escenario para ofrecer a los atónitos y embelesados bonaerenses de muchos kilómetros a la redonda alguna farsa de Moliere y "meterles" luego la dichosa rifa, queda un amigo dilecto de esta redacción, Carlitos Carrasco.

De la aventura surgieron los mangos necesarios para parar el "esqueleto" de nuestro hoy orgulloso TAFS.

A su modo, aquellos pioneros de nuestro teatro deben permanecer presentes para recordar, permanentemente, que hay causas comunes por las que vale la pena jugarse entero, e imbuídos de la alegría y la energía que otorga el ser parte de una movida que se anticipa histórica...

Hoy, como reza el tópico, "las distancias se han reducido". No es físicamente exacto, pero la idea subyacente es clara: quiere decir que si bien nos separan hoy como antaño los mismos kilómetros de Azul, o de Puán, o de Viedma, es mucho más sencillo recorrerlos; hace pocas décadas, emprender un viaje de cientos de kilómetros, que hoy se recorre en horas y con todas las comodidades que nos ofrece la tecnología del siglo XXI, era poco menos que ingresar a una suerte de dimensión desconocida...

Concientes -e inconcientes- de esto, Carrasco, Julián, Alonso y Manzanos se embarcaron en una patriada que los llevó a recorrer toda la provincia de Buenos Aires e inclusive Río Negro, munidos de una rifa de la cual se habían imprimido diez mil boletas que se vendieron en su totalidad.

Para ello, apelaron al más legítimo de los recursos: hacer teatro, mostrarle a los paisanos bonaerenses qué era esa cosa llamada TAFS, a qué se dedicaba, y por qué necesitaban de su colaboración...

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