El gerente del Hotel Quintana, Jorge Fragalá, fue víctima esta semana de una extorsión telefónica, conocida como “secuestro virtual”, aunque logró contactarse a tiempo con sus familiares y no realizó el depósito que le pedían los falsos captores.
En ese momento comenzó la tortura psicológica al hombre que, además, había sufrido la pérdida de su padre hacía tres días.
La charla se inicia con la misma metodología que se conoció en los últimos casos registrados, sobre todo, en el interior provincial: le piden datos de su familia y le informan que tuvieron un accidente. Luego le hacen escuchar una voz haciéndole creer que se trata de un familiar para arrebatarle el teléfono a la supuesta víctima y dar a conocer el falso secuestro. En este caso, las presuntas raptadas eran la madre y la hermana del damnificado.
“En mi caso me hicieron hablar, para darme una señal de vida, con una mujer que llora y grita y alcanza a decir `hermano tengo mucho miedo, ayudame´ y yo estaba seguro que era mi hermana”, detalló Fragalá.
Una vez presentado el caso, los falsos secuestradores proceden al maltrato psicológico. “Me dijeron que si hacía lo que me decían las iba a volver a ver vivas, caso contrario vas a recibir pedazo por pedazo” agregó la víctima de la extorsión.
El interlocutor obliga a su víctima a no cortar la comunicación en ningún momento: “Si cortás el teléfono te dicen que te van a mandar las manos de tu madre, los dedos de tu hermana” explicó.
A pesar de ser atormentado permanentemente, Fragalá pudo “enfriar la cabeza” y llamó a la casa de su hermana. Lo hizo al pasarle el teléfono a un amigo que se encontraba en la oficina, para mantener la comunicación con los captores.
“Me atiende mi sobrina, pregunto por mi madre y por mi hermana y me dice que se fueron al banco. Entonces dije `es verdad, salieron del banco y las agarró alguien´” relató el gerente del Hotel.
Minutos después, en el celular con el que hablaba con los secuestradores recibió un llamado de la sobrina, que no pudo atender. En ese momento realizó la misma maniobra de entregarle el teléfono a su amigo para mantener el contacto y desde el fijo de la oficina llamó a la casa de hermana. “Me dijo que acababan de llegar a la casa y estaban bien”, contó.
Con el alivio de esa noticia, Fragalá le respondió “ordinariamente” a los supuestos captores y le cortó la comunicación, para luego hacer la denuncia en la Policía.
Como detalle final, el damnificado que no llegó a depositar en la sucursal de Wester Union del supermercado Walt Mart los 7 mil pesos que le habían pedido de rescate, reflexionó: “Analizando después uno se da cuenta que por la vida de dos personas nadie te va a pedir 7 mil pesos, pero en ese momento de confusión y de dolor es como si te dijeran 500 millones de dólares”.
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