“Los sectores con menor inclusión social están sobre representados en la Unidad 44”

Así lo aseguró Leonardo Palacios, abogado y docente universitario al referirse a la relación entre mercado laboral y cárcel en General Pueyrredon. Además, criticó las condiciones existentes en el complejo penitenciario de Batán
A principios de 2012 una ONG hizo pública la denuncia por medio de la que aseguraba la existencia de explotación laboral en la Unidad 15 del complejo penitenciario de Batán. Según confiaban, los detenidos empleados en 10 empresas privadas cobraban salarios de $600 mensuales y trabajaban más de 8 horas diarias, sin percibir ni aguinaldos, ni jubilaciones ni ayudas familiares. Al darse a conocer esta noticia, comenzaron a surgir -o mejor dicho, a salir a la superficie- cuestiones que, con intención o no, estaban siendo dejadas de lado. Es que, la relación entre mercado laboral y cárcel es una realidad y, así también lo es, la existencia de condiciones laborales deplorables y de explotación en los penales del territorio bonaerense.

En algún punto, se puede vislumbrar una distancia notablemente tangible entre lo que debería ser y en realidad es el sistema penitenciario. De algún modo, la falta de regulación o la misma autonomía que tiene el aparato habilita la existencia de zonas de discrecionalidad que fácilmente relativizan el cumplimiento de los derechos fundamentales que asisten a todas las personas y, en este caso puntual, a aquellas que están privadas de su libertad.

Leonardo Palacios es abogado, magister, docente universitario, investigador y realizador de la tesina Mercado laboral y cárcel en el Partido de General Pueyrredon 1995-2010. Un acercamiento exploratorio-descriptivo. Durante una entrevista concedida al programa radial “Crítica Penal”, que se emite los jueves de 21 a 23 por FM De la Azotea 88.7 Radio Comunitaria, el profesional se refirió a los conceptos de trabajo y cárcel; la relación entre cárcel y fábrica y la prisión y el nacimiento del capitalismo. Además, caracterizó la producción socioeconómica de la ciudad, al tiempo que analizó la realidad de la población carcelaria local. “Los sectores con menor inclusión social están sobre representados en la Unidad 44”, sostuvo.

- Trabajo y cárcel son términos que comparten muchas cosas en común. ¿Cuales son esas características coincidentes?

- Hay una cosa en los estudios de trabajo y cárcel que siempre me sedujo y es precisamente las mutaciones de ambos institutos en relación al rol que cumplen dentro de la estructura social. El problema es que hay pocos estudios en la criminología que partan de este marco teórico. El modelo de acumulación, Estado de Bienestar, daba una explicación satisfactoria para la mayoría de las instituciones, pero cuando se cayó ese modelo se pensó ¿qué hacemos con la falta de explicaciones? Hay algunos autores que intentaron dar respuesta, pero la cuestión es que hay un paralelo entre trabajo y cárcel. No se puede entender el trabajo, lo que hoy es, en una sociedad con un modo capitalista de producción, libre (solo con su fuerza de trabajo) sin algunos parámetros. Y no se puede entender por qué la pena hegemónica en una sociedad capitalista es expropiarle un quantum de libertad abstracta a una persona en una institución de encierro ¿cuál es el sentido?. El nacimiento de esa expropiación tiene un certificado de nacimiento, una concretización histórica que responde a determinadas modalidades de relación social más que a los fines de la pena expresados y va en paralelo con el trabajo. Podríamos exagerar y decir que todo modelo republicano y de contrato social es casi solo una justificación para entender la figura del trabajador libre, de los derechos individuales. Es un armazón donde lo central es la figura de alguien que tiene que vender la fuerza de trabajo, porque es el proceso de valorización. La cárcel es lo mismo, tiene ese nacimiento, y no se puede entender que la pena hegemónica sea sacar a un individuo del mercado de trabajo, porque antes se lo encerraba para reeducarlo, pero hasta que no nació el correccionalismo a fines del siglo 19 no era así, sino que se hacía con el fin de depositarlo en un lugar que no molestara al conjunto social, eso es un poco lo que pasa hoy. Con el trabajo pasaba algo parecido, una vez que se hegemoniza el trabajador libre, se crean condiciones de superexplotación que se van a poner de manifiesto en la cuestión social ¿Cuál era el sentido del trabajo y de la cárcel? Uno incluye, el otro reeduca (en el Estado de Bienestar). Con el neoliberalismo perdieron sentido ambas cosas. La pregunta que subyace es decir ¿Qué pasa ahora si se termina el camino paralelo, qué pasa con la descripción de la cárcel?

- Hay un concepto que reúne al trabajo y la cárcel y es la cárcel fábrica ¿A qué remite el mismo? ¿Tiene relación con la dominación y control de la subjetividad de los individuos?

- Básicamente comparten el aspecto disciplinario. Forman parte de una cadena de aparatos disciplinarios en la sociedad disciplinaria que nosotros podíamos identificar con el Estado de Bienestar. Por un lado, son engranajes disciplinarios, por el otro, el trabajo en relación a la cárcel cumplía distintas funciones: como pena (el trabajo forzado es castigo en sí, porque además de encerrar al individuo se lo mandaba a “picar piedras”), como control del mercado laboral (la cárcel sirve como fuerza y es una manera de bajar el precio del trabajo afuera, porque se pone a producir a los penados) y después en el correccionalismo funciona como una reeducación (el trabajo, es central en lo que tiene que ver con dar conducta).

- ¿Qué cambios se producen en este sistema penal a partir de la década del ‘70 y especialmente con la globalización?

- El cambio es grande, es lo que se llama “El fin de la ilusión”. En esos momentos se pensaba que podía haber menos cárcel o no haber cárcel y es justo en ese momento cuando la cárcel empieza a crecer y no se reeduca sino que se deja a los que cometieron un delito por fuera del sistema, sin ninguna otra finalidad como la rehabilitación o la reinserción. Se dan muchas respuestas a esta situación y ninguna satisface a nadie, habría que darle a cada una su valor. La fase del modo de acumulación que se está viviendo es una manera de relacionarlo, el cambio fue en contra de los trabajadores y encarcelados, en contra de aquellos a los cuales los aparatos disciplinarios tenían que igualar o ayudar. Esas son las condiciones en casi todo el mundo. Llama la atención el incremento de los índices de encarcelamiento: muchos dijeron que tenía que ver con los recortes en educación, en servicios sociales y demás.

TRABAJO Y CÁRCEL EN MAR DEL PLATA

- La investigación que realizaste ha profundizado en las relaciones entre mercado de trabajo y cárcel en Mar del Palta. ¿Cuáles han sido históricamente las características socioeconómicas de Mar del Plata?

- Ese era uno de los temas básicos que me preguntaba y por eso el espacio temporal en el que arranqué. La estructura mostraba lo contrario de lo que dicen los textos en el primer mundo, porque la ciudad desde su fundación se ha basado en general en los servicios y el comercio, que es uno de los sectores que menos aportaría a la calidad de trabajo, en el que ha mutado la fuerza laboral y donde más trabajo precarizado se puede encontrar. Hay una fuerte estructura, porque casi el 70% es del tercer sector, el 20% de la industria y el resto de agricultura. En ese marco, me preguntaba qué hacer con los cambios que se dicen y cómo se reflejan los mismos en el interior de la cárcel.

- A partir de las entrevistas mantenidas con los internos ¿Qué características cualitativas y cuantitativas pueden remarcarse de la población carcelaria local?

- Ese era uno de los objetivos. El análisis es que hay un 88% de los internos que tienen trabajos precarios, no definidos como “desocupados”, pero sí trapitos, fileteros, peones de albañil, es trabajo precarizado, no estable. Esas eran las condiciones de la gente detenida. El nivel educativo lo teníamos en cuenta y daba lógicamente un 50% de primaria incompleta y completa, lo que reforzaba los estudios con respecto a la relación entre el bajo nivel educativo y el bajo nivel laboral y, por lo tanto, la baja inserción en el mercado laboral. Además, con todos esos datos se buscaba ver qué reflejaban los números a nivel nacional, para ver si coincidían o no. Y otra, con la población general de Mar del Plata, y eso dio que esos sectores estaban sobre representados en el penal. Los sectores con menor inclusión y una relación menor de calidad estaban sobre representados en la Unidad 44. Lo que se ve, es la selectividad del proceso penal. Al mismo tiempo, hay un enunciado que dice que “El crecimiento de los índices carcelarios tiene que ver con la reducción de puestos de trabajo”. Me pregunté si eso era posible, y la cuestión a la que llegue es que no es así acá, porque hay condiciones en nuestra sociedad que no tienen que ver con eso, en principio.

- Es necesario que se creen órganos de control de tipo civil para no solo atacar cuando suceden situaciones extremas sino también prevenir…

- Estoy plenamente de acuerdo y no hay otro secreto en esto que poder dar transparencia. De esa manera se podría prevenir, sin dudas. Hay varios programas de distintas organizaciones, pero lo que hay que hacer es ver cómo se plantea un poco de positivismo de combate. Si están las normas y posibilidades, ver qué se hace: reclamar, reclamar y reclamar.

LA DENUNCIA DE BATÁN

A mediados de febrero de este año, la Asociación Pensamiento Penal denunció ante el Ministerio de Trabajo de la Provincia la detección de explotación laboral en la Unidad 15 de Batán. Según expresaron en ese entonces dicha unidad “se ha convertido en una cárcel fábrica, donde no menos de 10 emprendimientos privados contratan mano de obra de personas alojadas en ese complejo penitenciario” sólo a cambio de “sueldos humillantes”.

La presentación fue elaborada en base a una visita realizada a estos sectores productivos y a los resultados que arrojó la última recorrida institucional de 2011 del Juzgado de Garantías. En el texto, los referentes apuntaron: “El asunto no sería alarmante de no ser porque en la totalidad de los casos las personas que allí trabajan cumplen una jornada laboral que ronda las 8 y 10 horas diarias, pero reciben como contraprestación por su trabajo sumas que en ningún caso superan los $1.000 mensuales, siendo que en algunos de ellos sólo llegan a $600, sin contar con ninguno de los derechos previstos para los trabajadores en la ley de contrato de trabajo”.

Actualmente, en el Penal está radicada una empresa panificadora, una de calzado, una de fabricación de hornos industriales y una planta de procesado de pescado; una lavandería, una blockera, una trituradora de tomates y una firma destinada a la confección de cajones para verduras y pescados. Todas estas firmas dan empleo a unos 250 internos. Sin embargo, en los convenios suscriptos, las patronales sólo se comprometen a pagar un canon mensual por el uso del espacio y a proveer a sus trabajadores de una a ART y un salario; de un sueldo simbólico si se lo compara con el que rejas afuera percibe un empleado por misma tarea y horario. Los haberes, en ningún caso, superan los $1.000. En la mayoría, se estancan en los $600 por 8 o 10 horas de trabajo. No hay aportes previsionales, ni ayudas familiares, ni aguinaldos, ni pago de vacaciones. Tampoco hay contratos: las empresas pueden, con el argumento que sea que esgriman, necesitar o prescindir de los servicios de un interno.

- Respecto a los últimos fallos sobre las fábricas y condiciones laborales en el complejo penitenciario Batan. ¿Pensás que se trata de “trabajo esclavo”?

- Podemos hablar de pocos adjetivos, no sé si es importante si es trabajo esclavo o no, pero no cumple con ninguna de las condiciones, ni siquiera enunciativas de para lo que es el trabajo en el penal. Es trabajo esclavo, es una forma de trabajo y de explotación que hay que, por lo menos, regular de otra manera. El fallo de la Cámara local, ratificado en La Plata es ejemplar por varias cuestiones, porque dice “es trabajo esclavo, no se puede seguir así”. Deben aplicar la normativa del trabajo a los que trabajan. Eso te da la pauta de que el castigo que implica el sistema penal no tiene que ver con la finalidad manifiesta, porque si lo único fuera que la persona estuviera privada de su libertad, no tienen por qué imponerle las condiciones laborales. Deben trabajar bajo las condiciones de la ley de trabajo. No hay diferencia, es un empleado.

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