El sector cañero en Jujuy: buenas oportunidades y escasa agua para riego

La excelente calidad del azúcar y las características agroecológicas favorables son las fortalezas de la producción cañera en la provincia de Jujuy, mientras que las debilidades son la insuficiente agua para riego y la falta de infraestructura para mejorar la eficiencia de los sistemas de riego. En los últimos diez años, la superficie del cultivo cubría unas 60 mil hectáreas, alcanzando hoy alrededor de 81 mil hectáreas, incluidos los ingenios y los cañeros independientes, que contribuyen con 22 mil hectáreas. Esperan que para 2020 llegue a 95 mil hectáreas.
Las conclusiones son parte de un diagnóstico del Plan Estratégico Productivo 2011-2020 elaborado por el Ministerio de Producción de la Provincia y presentado al concluir la gestión del gobernador Walter Basilio Barrionuevo.

Dentro de los factores internos, entre las fortalezas del sector se individualizaron también el sistema de maquila, la organización gremial del sector, el uso de tecnología medio-alto y la Ley de Biocombustibles que promueve la inversión y la puesta en marcha de las destilerías, según el plan.

También es parte de las fortalezas la existencia de líneas públicas y privadas en investigación y desarrollo, el inicio de actividades en investigación y desarrollo para manejo de residuos, ferti-irrigacion con los efluentes líquidos y terreno disponible para adaptación y evaluación del comportamiento de variedades y ensayos con variedades provenientes de laboratorio.

En tanto, a la cabeza de las debilidades del sector está la insuficiente agua para riego, la falta de infraestructura para mejorar la eficiencia de los sistemas de riego desde la captación hasta la aplicación. Además, las cuencas no están sistematizadas, lo que complica el manejo del agua para riego, advierte el plan en su capítulo sobre la actividad cañera.

La falta de acuerdo entre integrantes de la cadena, dificultando la integración, la falta de acceso a créditos blandos y la falta de difusión acerca de los mecanismos de financiamiento para el sector, son otras de las debilidades detectadas.

El estudio también apunta a la Universidad Nacional de Jujuy y al INTA Jujuy-Salta que no tienen priorizada la actividad, faltando investigación y desarrollo.

Asimismo, encuentra que faltan espacios institucionales para la toma de decisiones políticas a nivel provincial que involucre a todos los actores del sector y por otro lado señala que no hay mano de obra capacitada egresada de las escuelas agrotécnicas.

Quema de caña con impacto socio-ambiental, el uso de desecantes que “son interpretados como tóxicos”, la falta de una planta de tratamiento de termo-terapia para caña semilla y sistemas desactualizados o inexistentes de determinación del rendimiento y de contenidos fabriles, son otras de las debilidades.

Se agregan a aquellas la falta de precio diferenciado para el gasoil y desabastecimiento, la falta de tierras aptas para incrementar la superficie de producción y la falta de plantas de deshidratación de bioetanol para cañeros independientes.

Entre los factores externos, el plan enumera como oportunidades el aumento de la demanda del azúcar por parte de China, India, Rusia y México y el incremento del precio internacional del azúcar verificado en los últimos años. Existe –dice- un incremento potencial –a largo plazo- en la demanda de biocombustibles que permite transformar los excedentes y además, un aumento del precio del combustible fósil, lo que impulsa la producción de bioetanol.

El plan también destaca como oportunidades la presión ambiental internacional que promueve el uso de los biocombustibles, la relativa presión internacional para disminuir el subsidio a la producción en países desarrollados, el aumento del consumo por el crecimiento de la población, la alta calidad del producto logrado –azúcar- que es demandado principalmente por Paraguay y Chile, el aumento del poder adquisitivo de algunos países como China e India y el desarrollo tecnológico que permite mejorar los rendimientos, alcanzando mayor competitividad.

Entre las amenazas, se menciona la crisis internacional que dispara el precio del petróleo, aumentando los costos operativos del sector, el cambio de políticas nacionales de comercialización y de políticas para-arancelarias con Brasil.

En cuanto a la industrialización, el diagnóstico revela que en la zafra 2010 la producción total de azúcar de la provincia ascendió a alrededor de 463.549 toneladas. El Ingenio Ledesma, con el 25 por ciento de la producción nacional, aportó el 72 por ciento de la producción jujeña, seguido por el ingenio Río Grande con el 15 por ciento de la producción local y La Esperanza, con el 13 por ciento.

Respecto de biocombustible, el plan destaca las inversiones realizadas por Ledesma y Río Grande para la puesta en marcha de plantas deshidratadoras de alcohol con el fin de obtener bioetanol, con las cuales los ingenios estiman aportar al Programa Nacional de Biocombustibles cerca de 49.000 y 12.200 metros cúbicos de alcohol para deshidratar, respectivamente.

En el ítem sobre las líneas estratégicas está en primer lugar la conformación de espacios interinstitucionales de concertación que fortalezcan el vínculo entre los productores de cañas, las industrias azucareras, el Gobierno y las instituciones dedicadas a la investigación y desarrollo.

En segundo orden, está la mejora de la infraestructura y el nivel tecnológico para optimizar los procesos y productos desarrollados a lo largo de toda la cadena productiva.

El apoyo para el posicionamiento en el mercado de la producción de azúcar poniendo el énfasis en el fortalecimiento de la diversificación productiva a partir de la caña, es otra de las líneas estratégicas del plan.

En tanto, entre los objetivos compartidos por los actores del sector, está aumentar la superficie implantada y la productividad; reducir el costo por kilo en forma gradual, mejorar la eficiencia de riego por volúmenes captados y avanzar en el desarrollo e innovación tecnológica hacia una agricultura de precisión. Aumentar la capacidad de producción local de bioetanol y otros subproductos, así como fortalecer los recursos humanos intervinientes completan los objetivos.

Entre las metas cuantitativas, el plan propone pasar de las actuales 81 mil hectáreas de caña a 83 mil hectáreas al 2013, a 88 mil hectáreas al 2016 y a 95 mil hectáreas al 2020.

En cuanto a producción industrial, se propicia pasar de las 455 mil toneladas de azúcar actuales a 466.236 en 2013, a 494.320 en 2016 y a 533.641 en 2020.

En empleo industrial, se propone pasar de los 4890 trabajadores actuales a 5011 puestos de trabajo en 2013, a 5190 en el año 2016 y a 5350 en el año 2020.

Respecto del empleo rural, se estima pasar de los actuales 20 jornales/ha/año a 20 en 2013, a 18 en 2016 y a 15 en 2020.

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