Con esa frase Ricardo Freire, gerente de COPRA, respondió a los ambientalistas que se oponen al proyecto productivo Ayuí y también a legisladores que indican la poca contratación de personal que insume el cultivo de arroz.
En el marco de un escenario para nada amistoso respecto de la radicación de un mega-emprendimiento arrocero, donde se prevé la utilización de aguas públicas con el represamiento del Arroyo Ayuí y los cuestionamientos por la poca mano de obra que daría a la población correntina, Ricardo Freire salió en defensa acérrima del cultivo. Sosteniendo que la demanda de personal para producir arroz es alta.
Ello como respuestas a las objeciones de entidades ecologistas y ambientalistas que postulan lo contrario. Al argumentar que se beneficiarán unos pocos, inversores privados, en desmedro de toda la comunidad correntina que seguirá cada vez más empobrecida.
Esa evaluación también la realizó días pasados en la misma emisión, La Mañana, la legisladora nacional María José Aretta. Pronunció en su momento que es un “negocio para unos pocos”.
A esas acepciones respondió Freire con su análisis de que el sector arrocero “es un gran demandante de mano de obra” incluso contrario a lo que se da hoy en día a nivel mundial, en países donde se planta mucho arroz, como las zonas tropicales y subtropicales, donde se cambió la hora hombre por la hora máquina, como modificó el sistema de Europa y EE.UU.
Según el representante de la Unión Transitoria de Empresas, UTE, en Corrientes aún esa realidad no se da y las plantaciones arroceras demandan una cantidad importante de trabajadores.
COPRA, defensa y detalles
En otro aspecto, Freire describió por dentro a la firma de la cual es gerente. Dice que COPRA pertenece a la familia Aranda, que es una empresa agropecuaria radicada en Mercedes e independiente del grupo Clarín, más allá que el vicepresidente del multimedios, Antonio Aranda, está muy ligado a lo mediático.
La empresa, contó, hace 30 años que se radicó con inversiones en Corrientes. Mientras que en el sector arrocero desde los años 1992 y 1993. Oportunidad que se dedicaron a las plantaciones del cereal por el cambio de paradigma en el cultivo, con utilización de más tecnología, conquistando así un rinde por hectárea de 7 mil kilos cuando antes era de 4 mil.
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