Los secretos de la llegada de Kirchner a la Unasur

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, quiso asegurarse antes de hacer la jugada. Llamó a Néstor Kirchner. "¿Seguís con la idea de Unasur, no?", le dijo. El ex presidente estaba con su esposa en el Tango 01 por aterrizar en Montevideo; llegaban retrasados a los actos por la asunción de José Pepe Mujica. "Claro que quiero", le respondió Kirchner.
Después de los abrazos de los Kirchner con el flamante presidente uruguayo se hizo una reunión en el piso 22 del hotel Radisson, donde se alojaban los presidentes. Allí, Correa propuso la candidatura de Kirchner como secretario general de la Unión de Naciones Sudamericanas.

El presidente de Ecuador y los operadores políticos argentinos de la candidatura de Kirchner estaban tranquilos: Mujica ya había dado una señal clave para destrabar el tema, en una cena privada la noche anterior con un enviado kirchnerista no oficial: "No voy a vetar a un argentino", dijo.

El martes pasado, Kirchner juró al frente de la Unasur. Quienes estuvieron con él mientras esperaba su designación dicen que lo vieron tenso. Cuando ingresó en el salón ni se detuvo a saludar a su esposa.

Luego se hizo un almuerzo privado entre los presidentes. Se habían agregado dos mesas extra al costado de la principal: en una estaban funcionarios de Cancillería, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y Rafael Folonier, uno de los operadores en las sombras de Kirchner, que tuvo, además, una participación clave en las negociaciones por Unasur.

En la otra mesa sentaron a los testigos mudos del poder: los secretarios y los custodios.

Néstor Kirchner estaba más relajado. Se sentó entre su esposa y el presidente de Chile, Sebastián Piñera, uno de los que planteó que había que definir un plan para la Unasur y cumplirlo con plazos. Kirchner habló bastante con él, con Lula y con Mujica.

El presidente de Paraguay, Fernando Lugo, y el de Venezuela, Hugo Chávez, le recordaron que su tarea exigía una "dedicación exclusiva".

Este fin de semana en El Calafate Kirchner definirá con su esposa su futuro: si renuncia a su banca, opción que hoy tiene más fueza, o si pedirá licencia. La oposición ya le avisó que no le aprobará un pedido de licencia.

Por ahora, el ex presidente mantiene la incógnita. Si no deja la banca, el año próximo podría tener una triple función: en la Unasur, como diputado y como probable candidato presidencial para 2011. "Unasur le dará un escenario privilegiado que nadie tiene", admitó uno de sus hombres.

En estas horas Kirchner debe definir también el equipo que llevará a la Unasur y las primeras acciones. Ahora le gusta que lo llamen "Presidente Latinoamericano".

Además, tiene que buscarse una oficina desde donde ejercer su cargo. Aunque parezca una cuestión menor el lugar de trabajo fue clave para que comenzara la operación para instalar la candidatura de Kirchner al frente de la Unasur.

La idea de que Kirchner fuera como secretario general fue de Correa y surgió en agosto de 2008 durante una visita privada que hizo el presidente de Ecuador a la Argentina. En la intimidad de la quinta presidencial de Olivos, Correa se lo propuso a los Kirchner. Se lo había comentado al embajador argentino en Ecuador, Carlos Piñeiro Iñiguez.

El ex presidente se entusiasmó con la idea. Pero había un punto que no aceptaba: "Ni loco me voy de acá", dijo. La sede de la Unasur está en Quito, a 2.860 metros de altura sobre el nivel del mar. "Si tu candidatura prospera, haremos algo para que puedas funcionar como secretario desde Buenos Aires. Si es otro, que vaya a Quito", lo tranquilizó Correa.

Fue el momento en que la Presidenta hizo una broma: "Yo pensé que si va a Unasur, me lo iba a sacar de encima".

La llegada de Kirchner después se trabó con el veto de Tabaré Vázquez. El plan se reactivó un año después durante la campaña presidencial de Mujica, donde existieron contactos informales.

La propia Cristina Kirchner se convirtió entonces en la principal operadora de la candidatura de su esposo.

El canciller Jorge Taiana tuvo un papel clave para que Kirchner llegara a la Unasur. Hubo otro hombre que hizo lo suyo: el número tres del Gobierno, Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico presidencial.

Existieron distintas conversaciones informales del más alto nivel de funcionarios argentinos con los presidentes de la región. Todo en reserva y de manera paralela al trabajo que hacía también Cancillería.

Los que conocen muy bien como funciona Kirchner en el poder aseguran que el nuevo cargo es un desafío. "Kirchner está acostumbrado a ser jefe, a moverse como jefe. En la Unasur ahora tiene doce jefes, que son presidentes, están por encima de él y le dieron un mandato", analizó uno hombre que trabaja para Kirchner.

Por eso dicen que estaba tan serio el día de la jura; ya en privado, el ex presidente se mostró impactado en el living de Olivos por los discursos como el que dio Lula da Silva.

"Kirchner está ante una situación distinta de las que tuvo en su vida política", dijo una fuente cercana al ex presidente. "Cuando Kirchner entró al salón con los presidentes pisaba terreno compartido", agregó.

El ex presidente se toma su tiempo pero ya en el entorno K hablan de quienes podrían trabajar con Kirchner: el vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, para el área técnica, y Rafael Folonier para el área política, por sus fuertes lazos con casi todos los gobiernos latinoamericanos.

También se menciona al ex canciller, Rafael Bielsa, y a Carlos Chacho Alvarez. Kirchner no ha dicho nada porque además detesta que trascienda algo en los medios.

El ex presidente también contará con el apoyo del canciller Taiana.

Además de la logística del funcionamiento de la Unasur, el ex presidente primero deberá lograr que siete de los doce países que integran el organismo ratifiquen en sus parlamentos el ingreso a la Unasur. Uno de ellos es la Argentina y, en este punto, el jefe de bancada oficialista, Agustín Rossi, ya trabaja para que el proyecto sea votado en Diputados.

Los otros temas que debe encarar el ex presidente en su nueva función son la ayuda a Chile y Haití, la creación del banco sudamericano y el diseño del plan de obras de conectividad sudamericanas.

Algunos dicen que Kirchner se aburrirá pronto de su nuevo cargo porque no es como su esposa, que disfruta de las giras en el exterior. "No hay que equivocarse: a Kirchner lo que le embola es el protocolo no la rosca con los presidentes", aclaró en las últimas horas uno de sus hombres.

De todos modos, el Kirchner de la Unasur aún es una incógnita.

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