Por Ernesto Schoo.Cada vez que en Occidente hablamos de teatro japonés, de inmediato nos remitimos a las dos variantes más conocidas, el kabuki, o teatro popular, y el noh, o teatro ritual.
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En el pasado mes de mayo, nos informa una edición del Times Literary Supplement , el escenario del Barbican londinense fue ocupado por una compañía japonesa dirigida por Yukio Ninagawa, considerado uno de los más importantes hombres de teatro de su país: actuaron en su idioma, con traducción al inglés. La obra se titula Musashi y fue escrita por Hisashi Inoue, fallecido en abril último. La trama se parece mucho a una novela corta de Joseph Conrad, Los duelistas , que Ridley Scott llevó al cine años atrás. Aquí se trata de dos samuráis que a comienzos del siglo XVII se encuentran en una playa para batirse a duelo. Uno de ellos, Kojiro, hace rato que ansía y espera el enfrentamiento, pero su rival, Musashi, demora la cita hasta el día y la hora en que el sol del mediodía se encontrará a sus espaldas y enceguecerá a Kojiro. La leyenda termina ahí, pero Inoue imagina lo que habría ocurrido si Kojiro no hubiera muerto, y nos transporta a seis años más tarde.
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"Como siempre ocurre con los espectáculos de Ninagawa -escribe la crítica del TLS , Judith Flanders-, la escenografía es tan importante como los actores". El telón de fondo del prólogo reproduce una xilografía de época, con un mar estilizado y un sol inclemente; apenas concluido este episodio, una docena de árboles de suntuoso follaje entran en escena, rodeando un pequeño templo de madera. En él, dos sacerdotes budistas y dos damas acaudaladas se han reunido para un retiro espiritual, cuando irrumpe Kojiro, para desafiar a uno de los sacerdotes, que es Musashi convertido en clérigo, a renovar el duelo. Los demás tratan de disuadirlos, a fin de romper el ciclo del combate eterno. Y aquí ocurre algo insólito (a mi entender) en el ejercicio de la ética profesional: la señora Flanders le advierte al lector que le va a revelar el secreto que determina el final de la historia, y que si se propone ir a verla al Barbican, mejor que abandone la lectura en ese momento. Por mi parte, no seré yo quien transcriba esa revelación, por si algún director local se interesara por Musashi y aspirase, naturalmente, a mantener el misterio.
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