Una "primicia mundial" basada en una foto falsa desmentida días antes de su publicación es síntoma de un desplazamiento del debate actual sobre los efectos sociales de la crisis, los límites de la democracia neoliberal en España y las alternativas en curso en América Latina.
Federico Montero
No es novedad. Se sabe: el morbo "paga bien". Además está la obstinación política de moda: asimilar la salud de Chávez a la del proceso venezolano. Contra todas las evidencias, ratificadas en las masivas manifestaciones de ayer mismo en Venezuela, la foto-que-no-fue iba en línea con la cantinela de lugares comunes sobre la fragilidad institucional y la dependencia del líder atribuida al populismo. Por suerte, el proceso de cambio no pende de un hilo, aunque el rol de Chávez, cuya salud pareciera que mejora, es decisivo.
Pero hay algo más. ¿No es acaso sintomático el día, lugar y medio en que se publica la foto? El falso Chávez en tapa produjo un desplazamiento doble de la agenda. En España, contribuye a atenuar el golpe que significa a la propia democracia una desocupación de casi 6 millones de personas, producto del ajuste ordenado por el poder económico e implementado por el gobierno de turno. Y en Venezuela, a soslayar las masivas movilizaciones populares del emblemático 23 de enero, aniversario del fin del gobierno de Pérez Jiménez. Allí, el vicepresidente Maduro afirmó que la burguesía traicionó el espíritu del 23 de enero mediante el modelo de democracia pactada conocida como la IV República venezolana.
No es casual que el diario El País, que pasó de ser un abanderado de la libertad tras la caída del franquismo a convertirse en el principal engranaje mediático de la democracia restringida española, haya trocado las declaraciones de Maduro por la imagen de un Chávez agonizante. Tras el giro liberal de la socialdemocracia, los Pactos de la Moncloa y la alternancia PSOE-PP en la gestión del modelo neoliberal, España vive a su modo una crisis análoga a la IV República venezolana. El fusilamiento mediático de Chávez, que se suma a las críticas permanentes a los gobiernos populares de la región, desinforma a la sociedad española sobre procesos de cambio cuya agenda de Derechos Humanos, democratización de los medios e inclusión social bien podría ser parte de una alternativa en España.
Claro que los intereses en juego detrás de la operación exceden los límites de la democracia pactada española. Ya en 2008 el gobierno bolivariano denunciaba el ataque sistemático del diario El País y el entramado político-empresarial que, a través del grupo PRISA y la red de medios que controla en América Latina, lo vincula con los intereses de REPSOL y un sector del PSOE.que, a través de la Internacional Socialista, mantiene fluidas relaciones con los socialdemócratas que apoyan a Capriles en Venezuela. En la Argentina son el corazón del proyecto de Hermes Binner, quien afirmó recientemente que "si Chávez no puede jurar, tampoco puede asumir".

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