La persistencia suele ser la madre de todas las batallas en política. Esa virtud, que no es propia de talentosos, sino de gente de ambición y voluntad, aparece muy frecuentemente.
Nuevamente se ha instalado en el debate sobre el futuro provincial la posibilidad de una postulación del intendente de Tigre y ex jefe de Gabinete de la Nación, Sergio Massa. Tal vez menos golpeado por el tema de las candidaturas testimoniales que el gobernador Daniel Scioli, alienta una aventura que lo lleve al sillón de Dardo Rocha, aunque sea de la mano del kirchnerismo con el cual no tuvo buenas relaciones en los últimos meses.
Nadie niega ya que hubo algún contacto con Néstor Kirchner, directo o con algunos emisarios, y esto favorece tal vez al diputado nacional, quien con notable esfuerzo trata de mostrar una imagen menos ortodoxa hacia una clase media esquiva, con el acercamiento de semioficialistas "críticos".
Tal vez Massa pueda darse el lujo que no puede darse Scioli con respecto al discurso nacional. Aquél tiene la libertad total para mostrar matices. Los mismos que él puede esgrimir como condicionamientos para su regreso.
En tanto, el mandatario bonaerense, en su calidad de fiel ejecutor total de prácticas y discursos kirchneristas, se mantiene víctima de las presiones. Massa, en su esquema de independencia total, no miró el techo de su despacho cuando quedó afuera de la Casa Rosada. Mantuvo fuertes contactos con el bruerismo, hasta que todo se desvaneció por peleas de cartel. Y también retomó tibios contactos con dirigentes cercanos al duhaldismo para sondear el panorama de un desembarco en la orilla de los disidentes.
Para colmo, el kirchnerismo no sólo no desmintió, sino que pareció inducir aquellas versiones que dan cuenta de posibles internas abiertas en agosto próximo para definir la candidatura a gobernador. Esto, mientras el sciolismo sigue aferrado a encuestas que lo ubican al jefe de Estado provincial como aquél que mejor se puede adaptar a una competencia contra Francisco De Narváez, el rival a vencer.
En tanto, en este esquema de acercamientos que promueve Néstor Kirchner se plantean limitaciones como la de no aceptar a aquellos que comulgan por convicción con el peronismo disidente y aquellos que han hecho de cada elección una cuestión de mera conveniencia personal, aún a costa de degradar y poner en crisis el proyecto nacional.
"El límite es Bruera" se dice en los pasillos políticos del oficialismo, y parece que ya se ha configurado como una sentencia inapelable. Sobre todo, tras la visita simbólica de Néstor Kirchner al bloque oficialista en la Cámara de Diputados. Allí formuló una frase que reflotó el famoso refrán que relaciona al buen entendedor con las pocas palabras.
Según trascendió, el proyecto municipal no puede quedar divorciado del nacional. Tal afirmación retumbó y llegó a las escasas cinco cuadras que separan el palacio legislativo de la Municipalidad, donde Pablo Bruera, como intendente, fue sospechado de provocar cortes de boleta aún a expensas de una derrota kirchnerista.
Bruera parece demostrar cierta inmunidad al ataque de sus ex socios. Y medita sus próximos pasos. Por lo pronto, sigue en carpeta un acto de lanzamiento provincial para fines de agosto para hacer una demostración de fuerzas. Lo del mes parece inamovible por su valor simbólico de ser el inmediato mes siguiente a julio, en alusión a su ex competidor Julio Alak. Al decir de voceros del sector vecinalista platense, la intención es ejercer presión y jugar el juego para tener, como máxima una candidatura a gobernador y, como mínima, la participación en la fórmula provincial.
Pero la atención se vuelve sobre el gobernador Daniel Scioli, a quien mucho no le agradó el espaldarazo a Massa y poco o nada puede preocuparle el caso Bruera mientras éste no produzca movimientos de amperímetro muy importantes.
Sí le preocupa su imposibilidad de reaccionar de una manera lógica de acuerdo a los códigos políticos. Y esa imposibilidad es realmente muy evidente al no tener un margen de negociación con el kirchnerismo como para ratificar su única condición de aspirante por cuatro años más a la Gobernación. O tal vez especule con el premio mayor si es que Néstor Kirchner ve que no alcanza el objetivo de poder ganar la primera vuelta en las elecciones presidenciales.






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