El gobernador Scioli, fiel a su estilo, insiste en que no se irá del FpV, pero a la vez da ciertas muestras de juego propio, como una serie de fotos y frases desde enero hasta hoy que, sabe, molestan en la Rosada. No tiene interlocutores en el Gabinete nacional, y prefiere hablar directamente con la Presidenta
¿Es posible que en un año y medio se repitan los apellidos Kirchner-Scioli, como pasó en las fallidas -para el FpV- elecciones de 2009? Es una probabilidad, con Alicia o Máximo de uno, y un hermano del Gobernador (en este caso, Nicolás, ya que José no pasaría el tamiz K) o la propia Karina Rabolini de dos. Pero, más allá del juego de los apellidos, la figura con más chance es la del jefe de Gabinete, Alberto Pérez, quien ya apunta en esa dirección.
Pérez encaró este año con la intención de elevar su perfil público. La construcción de la imagen del funcionario es un paso fundamental para luego posicionarlo como candidato.
Así, Pérez se doblega entre la conducción política del gabinete provincial, la relación con la Legislatura y el entramado de consensos sobre los cuales le gusta moverse al Gobernador y, por ende, a su principal alfil.
En las últimas semanas el jefe de Gabinete tuvo varias de esas jugadas políticas que marcan el comienzo del camino.
Su exposición sube a la vez que, por ejemplo, convoca a unos 400 concejales de toda la Provincia, y un rato después asiste a una cena de -hasta ahí- desamparados senadores que quieren marcar diferencia con Mariotto.
“Encontraron en Pérez al líder carismático del grupo”, dijeron en su momento cerca del funcionario. También responde a él el sector de diputados colocados por el sciolismo, y crece la sintonía con los intendentes del interior.
En la Provincia hay mejor relación con Hugo Moyano que en Nación, y Scioli habla con disidentes como Alberto Fernández. Mayor espíritu de contención.




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