Scioli toma ventaja de quienes intrigan en su contra

Torpezas ajenas y el mérito propio de mantenerse quieto mientras los demás tropiezan parecen ser el motor político que alienta las expectativas del gobernador bonaerense, a punto de cristalizar un deseo largamente postergado: convertirse en interlocutor indiscutible de Cristina Kirchner cuando los dos comiencen a cumplir un segundo mandato.
Ya no puede tratarse de una cadena de coincidencias o solo de la dosis imprescindible de buena fortuna que precisa cualquier político para concretar metas. De forma paradójica, Daniel Scoli parece haber hallado en la inercia de sus desplazamientos la fórmula para avanzar en una de las más anheladas: contar con un gabinete propio en el segundo mandato y ser interlocutor indiscutible entre el gobierno nacional y el bonaerense.

Aunque es posible que lo haga de forma involuntaria, el oficialismo efectúa un aporte significativo para que el deseo más postergado desde que asumió como gobernador se encuentre cerca de cristalizarse como nunca antes. Tan es así que la frase pronunciada pocos días después de las elecciones por la presidente Cristina Fernández a un grupo de interlocutores oficialista pueda llegar a ser interpretada como algo más que una metáfora de protocolo.

“No hay que obstaculizar la construcción de Daniel, que ayudó a garantizar el triunfo” habría dicho, palabras más o menos, la primera mandataria. La traducción adecuada del mensaje comenzó a circular recién en estos días: es sumamente difícil que representantes del oficialismo vayan a integrar el gabinete de ministros provinciales.

Ese es el acuerdo al que habrían arribado Cristina y Scioli durante el encuentro que celebraron la semana pasada y mediante el que el gobernador se aseguraría que, aunque por goteo, contaría con el financiamiento suficiente para enfrentar el déficit crónico que atraviesa la administración bonaerense desde bien entrados los años 90 y que, en los hechos, ha cercenado la autonomía de movimiento político que tanto añora el peronismo bonaerense en todas sus expresiones: desde duhaldistas reciclados hasta intendentes de filiación K.

Dieta

A esa dieta estricta se atribuye que el ministerio de Desarrollo Social vaya a parar a mano de Eduardo Aparicio y no de Fernando “Chino” Navarro como se entusiasmó hasta no hace mucho el Movimiento Evita. Aunque el premio consuelo para el voluminoso legislador no sería poco: podría dejar fuera de cualquier duda que es un “kirchnerista puro” si ocupa la presidencia de la Cámara de Diputados. Lugar que habría negociado la Presidente para alguien de esas características -si los hay- en la provincia de Buenos Aires.

Esa es una de las claves del intrincado equilibrio con que el oficialismo aspira a armonizar el organigrama de sus fieles. La llegada de Navarro a ese puesto significaría un golpe para La Cámpora y Gabriel Mariotto, quienes desconfían de la filiación irrestricta del legislador casi tanto como Scioli luego de las críticas que efectuó a Casal, en medio de las negociaciones que llevaba adelante para asesorar al gobernador en políticas sociales. Según fuentes de su entorno, sigue vacío y sin ocupar el despacho que se le había preparado en la Casa de Gobierno.

El vicegobernador electo fue uno de los testigos de aquella frase de Cristina y, según parece, de los más dispuestos a respetarla: es un hecho que rechazará los ofrecimientos de Scioli a ocupar sillas en el directorio del Instituto de Previsión Social, IOMA o de Astilleros Río Santiago. En lo inmediato, su conducta repercutirá en un alineamiento indubitable de La Cámpora detrás de su figura, respetada ahora como símbolo de conexión directa con la Casa Rosada.

Dato que comienza a bascular la relación con los intendentes del Conurbano que lo admiten como cierto pese a que tienden a relativizarlo: apuntan a que su contacto más frecuente es Juan Manuel Abal Medina y no la Presidente. No obstante, admiten que el secretario de Comunicación Pública es el único que tiene acceso a conversar a diario con ella.

Del joven funcionario no solo inquieta que maneje la relación de Mariotto con el gobierno nacional. También que mantenga domicilio electoral en la localidad de Lobos, inserta en la Tercera Sección Electoral. Allí, la verticalización de La Cámpora con el todavía jefe de la Afcsa derivó en un abroquelamiento de los jefes comunales que congela, de momento, cualquier diferencia en torno a sus aspiraciones futuras.

Existe unanimidad entre ellos de que la opinión pública no toleraría sus reelecciones indefinidas luego de instalarse en ella como quienes vinieron a poner fin a esa anomalía de la democracia.

Molestia

Scioli exploró en esa contradicción la probabilidad de llevar agua para su molino. O, para decirlo de forma precisa: habría tentado al menos a dos de los que lograron resultados electorales arrasadores con ocupar el ministerio de Infraestructura para despertar, en apariencia, un fuerte pataleo de Mariotto. Molestia que se fundaría en que el convite incrementaría el número de competidores para el cargo de gobernador en el 2015.

La desmentida de funcionarios municipales consultados marca una diferencia sutil con la versión más conocida de esa versión: se acepta la aprobación que habría recibido el plan presentado por el gobernador para consensuar cambios con los cuatro intendentes más identificados con el oficialismo: Darío Díaz Pérez, Martín Insaurralde, Darío Giustozzi y Fernando Gray.

En el rumor, el reparo de Mariotto no fue desoído: se trataría de una jugada para poner en valor a los intendentes de Lanús, Lomas de Zamora, Almirante Brown y Esteban Echeverría. Como moneda de cambio, debería soportar el veto impuesto el entorno presidencial a dos dirigentes de su espacio a quienes pretendería designar en la secretaría Legislativa del Senado.

Cargo que quedaría a manos de un dirigente de la corriente juvenil creada por Máximo Kirchner pero de muy buena relación con Alejandro Arlía. Así las cosas, el ministro de Economía sería principal candidato a reemplazar en Infraestructura a Cristina Álvarez Rodríguez, quien no sería objetada por la Presidente para ocupar la cartera de Gobierno.

Acaso el supuesto enfriamiento del vínculo que Scioli intentaba restañar con Sergio Massa sea consuelos para los daños colaterales que ocasionaría a más de uno los acuerdos que vienen celebrando Cristina y Scioli. No solo porque significan un desaire a Felipe Solá, a quien el gobernador encomendó esa delicada misión, secuela del cierre de lista de legisladores.

También por complicar a uno de los más firmes candidatos del PJ para la gobernación. Tal vez porque la postergación de uno de los preferidos de Cacho Álvarez sea visto como indicio de las dificultades que el senador electo tendría para coronar la aspiración de convertirse en vicepresidente primero de la Cámara Alta.

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