Una señal inequívoca de la presidenta, que no le conviene a la oposición ni a Clarín.
La alianza de este con el PJ no basta para darles el gusto a los que, por ahora, están “Unidos y Organizados”. Para que quede claro, a los sectores que impulsan la reelección, se llamen Sabbatella, Diana Conti, José Ottavis, no les da el cuero para imponerla, necesitan construir un sistema de fuerzas aliadas hoy imposible, aunque habrá que esperar hasta después de las legislativas del 2013, pero no parece que vayan a cambiar drásticamente el panorama aún cuando le den los porotos en las legislaturas. Hoy, con el apoyo mediático, grupos marginales electoralmente pueden complicarle la vida al resto de la sociedad, por lo tanto no es época de locuras, y esta gestión sabe cuando, como y a quien enfrentar, por eso sigue estando.
¿Porqué entonces la oposición se aferra a este visceral rechazo?
Porque es lo único que los unifica, que los permite realizar una formación abrazados de izquierda a derecha, como Los Pumas cuando cantan el himno, desde Pando hasta Donda, desde Macri hasta Binner, y desde Posse hasta Cariglino.
Si la presidenta ordena a su tropa que no se haga los rulos, este abanico se desarma hasta la atomización, haciendo añicos proyectos y largos reinados.
Y emergen con total claridad dos figuras claramente destacadas del resto, el gobernador Scioli y el intendente de Tigre Sergio Massa; el primero deberá realizar una tarea de construcción y síntesis con otros gobernadores, como De la Sota y Urtubey, pero con un gran paso dado como es la famosa “instalación”, al “Goberna” lo conoce hasta el último argentino, para su bien o para su mal.
Como muy difícilmente desde el “cristinismo” puro surja una figura que pueda competir, tanto con Scioli como con Massa, en nivel de conocimiento popular, y en el caso del segundo, una muy buena relación entre imagen positiva/negativa, lo lógico sería un acuerdo tripartito, con el acuerdo presidencial y una ingeniería compleja de reparto de cargos y firma de compromisos, Scioli presidente, Massa gobernador, con el escudito del PJ, son imbatibles, hasta tienen la posibilidad de lograr un triunfo más aplastante que el del 2011 si la oposición no mejora su oferta.
Hasta cierra la franja etaria que abarcan estos dos potenciales candidatos, para Scioli sería la culminación de una carrera signada por los éxitos electorales y gestiones flojitas, el de Tigre podría estar uno o dos periodos en La Plata antes de saltar a la Rosada.
A Mauricio Macri, el candidato mediático, una eventual postulación de Scioli con el apoyo del aparato del Justicialismo, lo parte al medio. A Binner lo beneficia porque le abre más huecos para penetrar en el electorado progresista, en lo que a él le interesa, que es construir un fuerte partido de oposición que pueda gobernar alguna provincia, algún municipio, superando casi un siglo de peleas internas entre los herederos de Juan B. Justo, que lo habían llevado a la disgregación y a la marginalidad.
Lo que no cierra es la condición de picadora de carne de la provincia de Buenos Aires, la principal contra del proyecto presidencial Sciolista es la falta de resultados, ni mejoró la educación, ni mejoró la salud pública, ni la seguridad, y el 90% de los logros en obra pública los bonaerenses debemos agradecerlos al gobierno nacional.
Según fuentes muy cercanas al jefe comunal más exitoso del conurbano, para mejorar decididamente la situación de la educación pública provincial se debe modificar el “estatuto del docente”, reconociendo derechos nuevos pero saliendo del actual estado de burocratización, para lo cual deberá declararle la guerra a los sindicatos, un combate muy sangriento que no tiene la seguridad de poder ganar.
Lo mismo ocurre a nivel de la seguridad, a no ser que se logre crear y ya poner a funcionar a las Policías Judicial y Municipales durante los dos últimos años de la actual gestión. De no ser así deberá enfrentar a una fuerza que regula el delito desde hace por lo menos 100 años.
Hoy la provincia se asemeja a esos clubes de fútbol a los que les va bien deportivamente, tienen posibilidades de “campeonar” pero a costa de futuras crisis, endeudándose y con el riesgo de tener que desprenderse de sus joyas futbolísticas antes del próximo torneo.
Y además Massa es tan presidenciable como Scioli, con la ventaja de llevar adelante una gestión muy exitosa, más amplia y menos “caprichosa” (Jamás habría sostenido la impresentable gestión de Justicia y Seguridad y alguna otra). Si al país le falta una concordancia, un pacto tácito de gobernabilidad para usufructuar y consolidar estos años de crecimiento y de salida de la trituradora social que fue la etapa neoliberal, Scioli podría ser un pequeño paso en ese sentido, pero no dejaría de ser el candidato unicamente del PJ.
Massa podría lograr una síntesis, porque su candidatura sería bien vista por sectores que no tienen nada que ver con la cultura justicialista, tanto a su izquierda como a su derecha.
Aunque obviamente el dedo presidencial tendrá un peso significativo, Cristina no es Perón, ni siquiera Néstor, por lo tanto el futuro se escribirá en la arena política pura, no en los despachos más encumbrados. Para poner los límites al ring habrá que ver como evoluciona la situación económica y la guerra intermonopólica en los medios de comunicación (Ya la ley dejó de ser lo que se pensaba sería). Propios y extraños señalan un próximo buen año desde la óptica de los bolsillos populares, las señales electorales presidenciales son de continuidad del modelo 2011, jóvenes sin caudal electoral pero firmes defensores del “modelo”, intercalados con experimentados dirigentes con mucho peso territorial y un pragmatismo a prueba de cañones






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