Scioli debe reencauzar su relación con el PJ

El gobernador carece de tropa propia y por eso les dio la orden a sus funcionarios de instalar su nombre en el territorio bonaerense. El vice le garantizaba el apoyo peronista. Mientras tanto, Moyano sigue merodeando la Provincia.
El gobernador Daniel Scioli sabe que su costumbre de hablar mucho y decir poco le sirvió para mantenerse en todos los puestos que ocupó. Incluso, para sostener una relativa buena imagen ante la gente. Sin embargo, también sabe que eso no es suficiente, especialmente desde que Alberto Balestrini sufrió el accidente cerebrovascular. Por eso, no sorprende que su tropa de funcionarios haya subido el tono de su discurso para tratar de ganar posicionamiento político dentro del PJ.

El gobernador carece de tropa propia y ya dio una orden concreta a su equipo de trabajo: que salgan a recorrer la Provincia para instalar su nombre en todos lados. Y con la premisa de "atarlo" al escudo peronista.

Cuando el vicegobernador quedó convaleciente, su relación con el gobernador Daniel Scioli transitaba por el mejor momento, no sólo por el trato personal, sino porque, tal vez como nunca, habían abrazado una misma estrategia política, ligada a Néstor Kirchner pero no sometida del todo a sus andanzas.

El acuerdo, aún vigente, tuvo su primer paso tras el fracaso electoral de junio, cuando el kirchnerismo sufrió un golpe de gracia que, quizá como nunca, puso en duda su futuro. Scioli había sufrido en carne propia la derrota y Balestrini, a siete meses de haber asumido como presidente del PJ bonaerense, se veía con chances de ser el primer jefe del partido que en tres décadas perdiera el control de la Provincia.

Con ese escenario sobre sus espaldas, el binomio que triunfó en 2007 acordó apoyo mutuo para imponer la fórmula que los llevó al éxito en 2011, si es que para esa fecha Scioli no compite por la presidencia, una opción que sí está atada a las urgencias de Néstor Kirchner.

El pacto cerró por todos lados: Balestrini aceptó frenar cualquier avanzada de dirigentes del PJ para destronar a Scioli, y éste cubrió cada baja que tuvo su gabinete con funcionarios allegados a la dirigencia que controla el peronismo. El primero buscaba garantizar la presencia del partido en el poder bonaerense al menos por cuatro años más, y el gobernador, a cambio de ese compromiso, recibía el apoyo logístico que necesita para llegar con posibilidades a la reñida elección que lo espera.

El ministro de Salud, Alejandro Collia, cercano al intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto, y el nuevo jefe de Ioma, Antonio La Scaleia, cercano a Balestrini, dan muestra de este acuerdo. La irrupción de Eduardo Camaño y Baldomero "Cacho" Alvarez son otras evidencias.

Con la internación de Balestrini, toda esa estrategia languideció. Es que quien quedaría a cargo del PJ, al menos de forma interina, es Hugo Moyano, jefe de la CGT, que ya exhibió sus intenciones de suceder a Scioli. El líder cegetista difícilmente siga la tarea del vicegobernador de contener a la oleada de jóvenes que quieren un lugar en el partido, y amaga con lista propia para la Gobernación. Algunos son los intendentes Sergio Massa (Tigre), Pablo Bruera (La Plata), Darío Giustozzi (Almirante Brown), Juan de Jesús (Partido de la Costa), Darío Díaz Pérez (Lanús) y Cristian Breitenstein (Bahía Blanca), entre otros.

En diciembre, este grupo apoyó sin éxito al presidente de la Cámara de Diputados, Horacio González, para que sea el titular del congreso del PJ. Kirchner, Balestrini y Scioli lo impidieron.

¿Cómo reformará Scioli su acuerdo con el PJ? Ya se especula con dos posibles compañeros de fórmula: "Cacho" Alvarez y el ministro del Interior, Florencio Randazzo. El primero respetaría el acuerdo que había con el vice, el segundo tiene más sintonía con los rebeldes.

En cualquier caso, Scioli deberá negociar, ya que sólo la estructura del PJ puede garantizarle una elección competitiva en 2011. Cuenta con una a favor: los peronistas no tienen en la Provincia un nombre que mida bien y garantice fidelidad una vez que llegue a su cargo. Por eso no olvidan a quien ya ocupa el sillón de calle 6.

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