"Si pudiera ser reelecto, ganaría cómodo. En las últimas semanas, subió 15 puntos de imagen positiva. Está casi en el 60%".
"No hay acuerdo político. Se mantiene la cintura. Hay necesidad y también desconfianza mutua". La lectura pertenece a un funcionario de Schiaretti y alude a la viscosa relación con la Nación. Dice que Schiaretti no se siente obligado a alinearse, pero tampoco será "un provocador". Sobre la fecha de elecciones, el asesor dice que nada es seguro: "Pueden ir juntas, como quieren los Kirchner, o separadas, como prefiere De la Sota. Pero que nadie espere que esa carta, que es clave, la juegue ahora el gobernador. Va a estirar todo lo que pueda la definición. Hasta marzo o abril del año que viene, cuando menos".
Como están las cosas, cerca de Schiaretti creen que será "el gran elector". Apuntan este dato: aunque no sea candidato, con una imagen positiva tan alta, especialmente en la Capital, puede traccionar a favor de los candidatos peronistas. En especial si se decide a encabezar la boleta de diputados nacionales. "José (por De la Sota) tiene un problema menos: con este acuerdo con la Nación se diluyen las críticas que le hicieron a su gestión por la deuda. Quedan sus obras y si se termina con una buena administración peronista, ¿quién va a votar un cambio? ¿Para qué?", razonan.
Mientras tanto, De la Sota trabaja, en las sombras, en su proyecto de poder. "No nos podemos volver a equivocar", dicen que repite, a cada uno de sus interlocutores. Esas palabras las pronuncia en relación al alineamiento nacional del PJ cordobés y en la estrategia para la ciudad, el distrito más difícil. Son muchas las versiones: que aparece un "tapado", que hay internas, que creen inevitable un acuerdo con Olga Riutort para evitar que vuelva a boicotear con una lista paralela.
La ciudad, también, es el territorio donde asientan sus ilusiones de triunfo radicales y juecistas: unos por la fuerza de su candidato a intendente, Ramón Mestre; otros por el influjo que creen intacto de su líder y aspirante a gobernador, Luis Juez.
En gran medida, eso no le ayuda a Giacomino: hay demasiado en juego en la Capital.






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