Exigen que apruebe ya las medidas que pide la UE; "No hay tiempo que perder", advirtieron
Casi dos años después del primer plan de rescate griego, también la troika de acreedores públicos de ese país de la eurozona -la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE)- ha decidido no hacer más concesiones.
Para la canciller alemana, que viajó a París para presidir la 14ª reunión de gabinete franco-alemana junto al presidente francés, "no puede haber programas de ayuda para Grecia sin acuerdo previo con la troika". Esas tres instituciones se muestran cada vez más impacientes y consideran que dos medidas son indispensables para que Atenas reciba los 130.000 millones de euros que necesita desesperadamente: una reducción del gasto público y la adopción de medidas que permitan reducir el costo del trabajo.
Con ese objetivo, la troika reclama una reducción del salario mínimo, medida violentamente rechazada por todos los partidos griegos. Según la CE, el salario mínimo griego es de 870 euros por mes, contra 566 euros en Portugal y 748 euros en España, dos países con mayor productividad.
Después de casi 48 horas de negociaciones ininterrumpidas durante el fin de semana, las instancias de la UE manifestaban ayer abiertamente su exasperación por "la inconsciencia" de los griegos. Inicialmente prevista para ayer, la reunión de los líderes de los principales partidos de la coalición gubernamental griega fue postergada para hoy. Al borde de la crisis de nervios, los europeos decidieron reemplazar la diplomacia por los ultimátums.
"Los plazos ya han sido ampliamente superados", advirtió el vocero de la Comisión, Amadeo Altafaj.
En efecto, la troika esperaba obtener un acuerdo el fin de semana pasado sobre las nuevas medidas que tomarían las autoridades griegas para poder finalizar el anuncio de la participación del sector privado y del desbloqueo, y un segundo plan de ayuda desde el comienzo de la semana en curso. Durante el último encuentro, los ministros de Finanzas de la zona euro habían fijado el 13 de febrero como fecha límite a fin de evitar un default griego, que debe hacer frente a un vencimiento crítico de 14.000 millones de euros en marzo.
Desde París, Merkel y Sarkozy advirtieron ayer al primer ministro Lucas Papademos que ya es hora de actuar. El premier griego, por su parte, intenta desesperadamente hallar un consenso dentro de su mayoría gubernamental para poder aplicar las nuevas medidas de austeridad exigidas por sus acreedores internacionales.
Al margen del drama griego, franceses y alemanes vivieron ayer lo que con cierta ironía bien podría calificarse de "romántico e inédito episodio": la inesperada declaración de confianza y amistad que realizó Merkel en París, destinada a apoyar la eventual candidatura de Sarkozy a la presidencia. "Cualquiera que sea su decisión, Nicolas forma parte de nuestra familia política. En el pasado él me aportó su apoyo. Es natural que ahora lo haga yo", dijo la canciller.
El sorprendente cambio de actitud de Merkel, cuya antipatía por el presidente francés fue vox populi en Europa durante mucho tiempo, se debería al rechazo epidérmico -aún mayor- que le produciría el candidato socialista, François Hollande..


Comentá la nota