PARIS (De nuestra corresponsal).- La inculpación por agresión sexual fue la gota que rebasó el vaso. Después de la foto junto a un lujoso Porsche y las versiones sobre un traje a medida de 30.000 dólares, el escándalo desatado en Nueva York por las acusaciones de una mucama de hotel podría poner brutalmente un punto final a la carrera del favorito de los franceses para ocupar la presidencia en 2012.
A menos que la investigación policial en Estados Unidos consiga en forma meteórica demostrar que el director general del FMI es inocente, son pocos los que imaginan que Strauss-Kahn podrá cumplir con los deseos del 50% de los franceses que, hasta ayer, lo consideraban el candidato favorito para 2012, según un sondeo del instituto CSA.
El ex ministro de Finanzas francés anunció su intención de declararse "no culpable" de los cargos que le imputan y, con escasas excepciones, la clase política francesa ha insistido en la necesidad de respetar la presunción de inocencia. Pero es imposible pensar que la reputación de Strauss-Kahn salga intacta de este episodio.
"Es demasiado pronto para saber lo que sucedió, pero si las acusaciones se confirmaran, ni siquiera los franceses podrían perdonar algo semejante", afirma Paul Bacot, profesor de relaciones políticas en el instituto de Sciences Po de Lyon.
El fin de la tolerancia
Es verdad, aquella permisiva Francia, donde tradición y opinión solían establecer una perfecta separación entre vida pública y privada, ha cambiado. Tras cuatro años de presidencia de Nicolas Sarkozy, de una grave crisis financiera que provocó la pérdida de 500.000 puestos de trabajo y el empobrecimiento de las clases más humildes, los franceses manifiestan una sensible modificación de su proverbial tolerancia.
Intolerancia al abuso de poder y a una inclinación por la desmesura. El estrepitoso derrumbe de popularidad de Sarkozy (20% de opiniones favorables), considerado "el presidente de los ricos", es la mejor prueba.
Por esa razón, consciente de que Strauss-Kahn representaba un rival difícil de vencer, Sarkozy había ordenado a su equipo en los últimos días centrar sus críticas en el opulento tren de vida del director general del FMI. Difícil creer que la foto donde DSK aparece junto a un lujoso Porsche en París y las versiones de que sus trajes cuestan fortunas no hayan sido distribuidas por los allegados del jefe del Estado.
En todo caso, este último escándalo vuelve vanos esos esfuerzos. Hasta el punto de hacer innecesaria una reacción oficial del Palacio del Elíseo, que hasta anoche había guardado el más absoluto silencio.
La clase política también trató de mantenerse al margen. La líder socialista Martine Aubry pidió a los miembros de su partido que "permanezcan unidos". La desafortunada situación de Strauss-Kahn probablemente obligue a Aubry a ser candidata a las primarias socialistas, previstas para octubre. En todo caso, ni ella ni el declarado candidato François Hollande tendrán el mismo peso político en la batalla electoral.
El escándalo también ayudará a la líder del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, que tiene un caudal de 19% a 22% de intenciones de voto.
Una de las únicas personalidades políticas que pareció asumir la culpabilidad de Strauss-Kahn antes de su juicio, Le Pen cree que el director general del FMI "quedó definitivamente desacreditado como candidato" a la presidencia de Francia.


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