El premier Fillon pide que utilicen el tren en vez del avión; deberán limitar las recepciones
El primer ministro, François Fillon, envió ayer una circular a sus ministros para imponerles severas normas de austeridad: de ahora en adelante, deberán reducir sus gabinetes y evitar gastos suntuarios, excesos y derroches.
Un día después de las renuncias -aparentemente inducidas por el Palacio del Elíseo- de Alain Joyandet y de Christian Blanc, criticados por su tren de vida pomposo a costa del Estado, las circulares enviadas por Fillon aluden sobre todo a los desplazamientos de los ministros y secretarios de Estado. El premier les pide, por ejemplo, "recurrir prioritariamente a los transportes ferroviarios que a los aéreos".
En su circular, el jefe del gobierno también menciona las ceremonias, recepciones y manifestaciones que no deberán "en ningún caso" revestir "un carácter ostentoso".
"Toda manifestación de carácter excepcional será sometida a la autorización de mi jefe de gabinete", afirma Fillon, que recuerda, de paso, que el número máximo de colaboradores en un gabinete es de 20 para un ministro y de cuatro para un secretario de Estado. Asimismo, advierte que todos deberán rendirle cuentas cada tres meses.
Alain Joyandet, el secretario de Estado de Cooperación, provocó la indignación de los franceses cuando se supo que había gastado 116.000 euros en el alquiler de un jet privado para participar en una conferencia internacional en Martinica. Casi al mismo tiempo, su homólogo Christian Blanc, secretario de Estado para el Gran París, utilizaba 12.000 euros de los contribuyentes para pagar sus cigarros.
Ambos casos, sumados a muchos otros y, sobre todo, al affaire Bettencourt, que cada día trae nuevas revelaciones sobre las estrechas relaciones que existen entre el Poder Ejecutivo y la mujer más rica de Europa, han provocado una reacción de rechazo popular, que quedó plasmado ayer en un sondeo del instituto Viavoice. Según ese estudio, dos de cada tres franceses (64%) juzgan a sus dirigentes políticos "corruptos". Esa condena es todavía más pronunciada entre la gente de modestos recursos: 74% de los obreros y 73% de los empleados.
"Esas cifras consolidan el fracaso de la promesa de Sarkozy, que prometía una República irreprochable durante su campaña presidencial de 2007", afirmó François Miquet-Marty, director de Viavoice.
Sarkozy había condenado públicamente la semana pasada los "comportamientos inaceptables" de ciertos ministros, pero decidió postergar hasta septiembre una reorganización gubernamental. La presión pública lo obligó anteayer a cambiar su calendario político y sacrificar a sus dos secretarios de Estado tres meses antes.
La decisión presidencial más bien parece una maniobra desesperada para tratar de salvar a Eric Woerth, su ministro preferido y tesorero del partido de gobierno, la UMP, acusado de conflicto de intereses en el caso Bettencourt y cuya situación se vuelve cada día más difícil.
El actual ministro de Trabajo debe presentar el proyecto de reforma de la jubilación el 13 de julio. "Hay que salvar al soldado Woerth. Las cosas son claras", estimó Marine Le Pen, vicepresidenta del Frente Nacional de extrema derecha. "Esas renuncias se producen para proteger al gobierno y a Woerth, desde luego", coincidió el diputado socialista Jean-Christophe Cambadelis. "Son dos fusibles para tratar de llegar a septiembre", agregó.
"Regalos fiscales a los ricos, cigarros, aviones privados. El efecto de masa será desastroso para Sarkozy, que perderá todos los electores del Frente Nacional que obtuvo en 2007", afirma el sociólogo Erwan Lecoeur. Autor, en 2003, de Un neopopulismo a la francesa , libro que se transformó en referencia sobre la historia del Frente Nacional, Lecoeur agrega que "lo más grave es que el contexto actual ofrecerá una verdadera oportunidad a aquellos que sepan hacer uso del populismo, comenzando por los líderes de la extrema derecha".
RENUNCIA UN MINISTRO DE BERLUSCONI
MILAN (Reuters).- Un ex ejecutivo del imperio mediático del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, que fue nombrado inesperadamente ministro el mes pasado, renunció ayer en pleno juicio por malversación de fondos. La repentina salida de Aldo Brancher, nombrado "ministro para el federalismo", supone un nuevo golpe para Berlusconi, cuyo gobierno de centroderecha se enfrenta a destructivas divisiones internas, que podrían poner en riesgo su futuro. Criticado por la oposición, el nombramiento de Brancher causó aún más escándalo cuando utilizó su rango ministerial para alegar inmunidad en un juicio por malversación de fondos.



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