El mandatario usa la estrategia del pavor en momentos en que Madrid se hunde cada día más pese a los recortes y a pesar de la afinidad ideológica con Rajoy. Retrata a los socialistas franceses como los sepultureros de la economía.
A Sarkozy le caen burlas a la medida de su propia impiedad electoralista. El mismo diario El País lo trata de “frustrado refundador moral del capitalismo”. El presidente francés lanzó hace poco “miren cómo está España después de siete años de socialismo”. Francia está mejor, pero no esquivó ni la crisis, ni sus consecuencias ni los fabulosos déficit acumulados en los años de Sarkozy ni tampoco la sanción que consistió en perder la Triple A que otorgan las agencias de calificación a los malos alumnos de la cuadratura liberal. El segundo eje de la campaña de la derecha francesa es asustar a la gente con el diluvio que caería sobre Francia si la socialdemocracia llegara a la presidencia. Sarkozy y sus consejeros están a la sombra de las encuestas de opinión que, invariablemente, vaticinan una victoria de François Hollande y apuntan por ello hacia los indecisos –30 por ciento del electorado–, los abstencionistas –20 por ciento– y los electores del centro –9,5 por ciento–, asustadizos y muy adeptos a la disciplina fiscal. Los socialistas aparecen retratados como los sepultureros de la economía, derrochadores irresponsables del dinero público, abonados a los déficit crónicos, gestores obsesionados por hacerles pagar más impuestos a los ricos y campeones de la asistencia social a costa de la estabilidad global. El Estado liberal contra el Estado de bienestar está en marcha. Los males que según el presidente-candidato le esperan a Francia “al minuto siguiente” de la victoria socialista son un catálogo de la escatología liberal: “desastre”, “catástrofe”, “crisis masiva de confianza”, “ataques contra la Zona Euro”, “implosión del sistema económico” francés.
Miedo sobre miedo. “Si gana Hollande será una catástrofe. Los mercados especularán contra Francia.” Esa es la última plegaria de la derecha. Y sin embargo, la derecha francesa gobierna desde hace diez años, hace una década que el mismo presidente Sarkozy ocupa funciones claves en los ejecutivos y en el últimos cinco años de su mandato presidencial se acumuló una colección de cifras negativas: Francia perdió la sacrosanta Triple A, hubo un millón de desempleados suplementarios, una sucesión de déficit impresionantes –5,2 por ciento contra un crecimiento de 1 por ciento– y un aumento de la deuda pública de 500 mil millones de euros. El liberalismo tiene la memoria corta y la lengua muy larga. En comparación con Alemania, Francia paga en la actualidad cuatro veces más que Berlín por su deuda. Pero el miedo es un factor movilizador. Queda en esta nueva estratégica una incógnita que dirimirán las urnas: ¿Qué miedo pesará más? ¿El de otra presidencia de Sarkozy, o el retorno de la socialdemocracia?




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