Los primeros gestos que inauguraron la etapa institucional 2011-2015 corroboraron algunas presunciones. Son pistas que permiten armar un panorama de lo que viene, sin la exigencia de pretender tener el futuro en la mano, cuestión que debe dejarse a los adivinadores y pitonisas modernas. Veamos:
Se confirma también que necesariamente hay una proyección económica de mucha cautela para manejar las cuentas del Estado, tanto provincial como municipal. En el caso de Sapag, no hubo autocrítica (circunstancia propia de quien continúa el mandato anterior) por el fortísimo incremento del gasto, y sí alusiones a la crisis internacional que afectará, según se colige, al país y a la provincia. El mensaje está dirigido, como casi siempre, centralmente a los gremios estatales, porque en Neuquén hace mucho tiempo ya que se acostumbra a gobernar para el Estado, como si toda la vida sobre la superficie provincial estuviera encapsulada en el ámbito administrativo público, y que a los privados se los tenga en cuenta solo para hacer buenos negocios (para la provincia, claro). En el caso de Quiroga, el tema es relativamente más fácil porque se le echa la culpa al administrador anterior, que fue Martín Farizano, primero un hombre de confianza, después algo parecido a un traidor. En su primer discurso como intendente, Quiroga mostró como ejemplo un crecimiento de 150 por ciento en el gasto salarial del Estado municipal, en cuatro años. En la relación con los gremios, el tándem Sapag-Quiroga tendrá una especial conexión.
La política de la zanahoria para acicatear el paso del burro también es una confirmación. Ha pasado a ser un método recurrente, particularmente en Jorge Sapag, quien repite un comportamiento de extrema prudencia y moderación cada vez que se refiere al presente, y se extiende en grandes olas de optimismo cuando habla del futuro. En el discurso en la Legislatura, no dudó en proyectar en 20.000 millones de dólares las inversiones que se derramarían sobre Neuquén si se hacen las cosas bien (a nivel nacional, con Cristina Fernández siempre como adalid). Lo cierto es que Sapag sigue esperando, y a la vez haciendo todo el lobby que puede, que se concreten precios realmente competitivos para la extracción de gas y petróleo de yacimientos no convencionales. También espera que Cristina anuncie la adjudicación y el comienzo de obra para hacer Chihuido I. Los dos temas siguen formando parte de la zanahoria, que ha estado colgada frente del público provincial durante los últimos cuatro años. Esto no quiere decir que la zanahoria no existe, sino que por ahora sigue siendo una zanahoria, y el presente no necesita hortalizas sino precios más altos para los hidrocarburos y comienzo efectivo para una represa que puede ser abortada por la inflación si no se pone en marcha pronto.



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