El gobernador Jorge Sapag prevé tener dos jornadas importantes de contactos con el gobierno nacional entre jueves y viernes. Será una ronda que permitirá actualizar la relación, a pocos días del viaje que hará a Washington para pulsar el ánimo “prestador” de la banca mundial.
Se ha ma.
rcado una cierta distancia entre el gobernador y la Presidente. No porque Neuquén -y Sapag, más precisamente- haya hecho nada inconveniente, sino tal vez porque Cristina se encapsula cada vez más en un microclima con cierta paraonia creciente. Sapag no puede hacer otra cosa más que pertenecer al grupo de 12 provincias con déficit. Un total de 30.000 millones de pesos para este año, que se sumarán a otra suma parecida del Estado nacional, para configurar un cuadro ciertamente preocupante de las finanzas argentinas.
Desde algunos medios se ha indicado que se hablará el tema Chihuido. Se hable o no, está en la agenda de las cuestiones todavía improbables por falta de financiamiento. Esa carencia creciente distingue a la coyuntura, para desagrado de los gobernantes, tengan o no responsabilidad directa en el origen del momento.
Sapag tiene otras reuniones, además de la que se plantea tener con Cristina. Verá el tema fruticultura, por ejemplo. En el sector hay un poco de alivio por la reapertura de la frontera comercial con Brasil para peras y manzanas. Sapag lleva una batería de propuestas. Son sugerencias que pidió el propio gobierno nacional, para conseguir atenuar los efectos de la permanente crisis de rentabilidad que aflige a los productores frutícolas.
Nada indica que se avance en algo trascendental en estas jornadas. Pero Sapag necesita la “buena onda” del imprevisible gobierno K, porque en Washington se verá con los directivos del BID y del BM, que lo atosigarán con interrogantes sobre la volatilidad de la seguridad jurídica en Argentina, la creciente conflictividad, y la presunción de episodios cada vez más violentos vinculados a la puja por la distribución del ingreso.
En el futuro inmediato, hay una única preocupación que descolla: conseguir financiar el proceso entre el petróleo que fue y el que puede ser. Por ahora, no hay certezas.


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