El mandatario evita asociar a Chávez con la guerrilla, como lo hacía Alvaro Uribe
El giro sobresale aun más si se tiene en cuenta que Santos asumió la presidencia colombiana el 7 de agosto pasado, cuando toda América latina temía que estallara un conflicto bélico entre su país y Venezuela.
Su antecesor Alvaro Uribe había denunciado ante la OEA que Chávez toleraba la presencia de guerrilleros colombianos en su país, lo que fue respondido con la ruptura de relaciones por Caracas. Hoy todo parece haber quedado en el olvido.
"¿Quiere que les hable de mi nuevo mejor amigo?", dijo Santos el 7 del actual, en una reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), cuando uno de los 500 ejecutivos de diarios del continente le preguntó sobre las relaciones con Venezuela.
"Ni él [por Chávez] pretende que yo vaya a pensar como él ni yo pretendo que piense como yo -añadió-. Hay diferencias marcadas, pero hicimos lo correcto, vamos por buen camino y nos apoya toda la región."
Los conceptos elogiosos de Santos respecto de Chávez son todavía más sorprendentes si se tiene en cuenta que el actual mandatario colombiano se transformó en presidenciable al desempeñarse como ministro de Defensa de Uribe.
Su ex mentor, que fue un presidente hiperactivo y de carácter volcánico, y que mantiene una popularidad de más del 70% entre los colombianos, no dudó en intercambiar insultos de grueso calibre con el mandatario venezolano durante varios tramos de sus ocho años de gestión.
Uribe también asociaba en forma constante a Chávez con las FARC, algo que prefiere evitar Santos, embarcado en la normalización de las exportaciones colombianas a Venezuela, que se habían paralizado por el conflicto bilateral.
Santos cree que se puede buscar una distensión con Venezuela y al mismo tiempo ser implacable con las FARC, cuestiones que Uribe consideraba incompatibles.
A tal punto llega la "amistad" entre Santos y Chávez que el presidente colombiano ha prometido extraditar a Venezuela a Walid Makled, un narco venezolano capturado en Colombia. También lo reclama el Departamento de Estado norteamericano, que afirma tener información comprometedora sobre la presunta implicación de altos jefes militares venezolanos en el tráfico de estupefacientes.
El hecho de que el gobierno de Santos haya abatido en septiembre al jefe militar de las FARC, "el Mono Jojoy", demuestra que es capaz de infligirles derrotas contundentes a los guerrilleros, tal como lo hacía su antecesor.
La exitosa política de seguridad democrática fue lo que remontó a índices impensables la popularidad de Uribe, y su continuidad en el mandato de Santos le permite superar al actual presidente los niveles de respaldo de su antecesor (actualmente llega al 75%).
Pero ahora el tono del gobierno es muy distinto: no sólo hay distensión con Venezuela, sino también con las cortes judiciales y con los opositores, con los que Uribe tenía una relación más que tirante.
Incluso Santos sumó a su gobierno de unidad nacional al partido Cambio Radical (uribistas díscolos que se habían opuesto a la segunda reelección del antecesor de Santos) y al Partido Liberal, muy crítico de los ocho años de mandato de Uribe.
Es decir que el presidente colombiano está logrando altos niveles de aceptación sin recurrir a la polarización a la que son tan dados muchos líderes regionales.
"En un período tan corto, Santos ha cambiado la forma de comunicar de un modo que contrasta con aquella manera belicosa de Uribe", dijo a La Nacion el analista político colombiano Juan Carlos Flórez.
"Santos ha acelerado las diferencias con Uribe. Lo que se pensó que iba a tomar dos años ha pasado en tres meses", afirmó, por su parte, el analista Francisco Miranda.
Semillas de discordia
La pregunta que queda latente es si estos cambios no le granjearan la antipatía de Uribe y del núcleo duro de los uribistas (el Partido de la U y el Partido Conservador), cuyo apoyo fue vital para que Santos ganara las elecciones. "Por ahora vamos bien, pero están sembradas las semillas de discordia que pueden complicar al gobierno en los próximos meses", estimó Miranda.
Tales "semillas de la discordia" son el impulso que Santos está dando a la aprobación parlamentaria de proyectos impulsados por el Partido Liberal como la ley de víctimas (para reparar a los damnificados del prolongado conflicto colombiano) y la ley de tierras, que establece mecanismos para que los campesinos desplazados por grupos ilegales recuperen sus parcelas.
Además, Santos impulsa un estatuto anticorrupción, hará una reforma tributaria y, como se dijo, retomó el diálogo con Chávez, todas ideas reivindicadas en campaña por el Partido Verde de Antanas Mockus.
Esto ha llevado a algunos comentaristas a afirmar que Santos gobierna con "la agenda de los otros", lo que molesta sobremanera al bloque uribista, cuyos dirigentes han formulado críticas pese a formar parte del gobierno de unidad nacional.



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