Una joven madre que nació en Santiago del Estero, pero residía en el norte del Conurbano, se convirtió el martes en una víctima fatal más de la inseguridad que azota a la primera provincia argentina.El accidente le costó a una comprovinciana que vivía en el Conurbano. Compró ropa con sus hijos, quienes no sabían por qué su mamá había “desaparecido”.
La historia tiene un aditamento terriblemente trágico. Isabel Marina More (25 años) dejó a dos hijos huérfanos, de 3 y 5 años, quienes justamente viajaban con ella en el tren que los transportaba hacia su hogar en Don Torcuato.
Las criaturas quedaron arriba del vagón de la línea Belgrano Norte cuando su mamá fue tras los pasos del joven delincuente que le había arrebatado su celular, que acababa de comprar en cuotas, y que saltó al andén y salió corriendo con su botín.
El convoy partió desde la estación Sourdeaux, partido de Malvinas Argentinas, sin que ellos supieran que su madre era arrollada en ese momento, porque en su intención por recuperar su aparato cayó entre los vagones y el andén.
El maquinista arrancó y paró recién a unos 400 metros de la estación cuando su colega de la formación que circulaba en sentido contrario y que se había detenido en la estación le avisó lo que sucedió. More sufrió heridas mortales.
Sus hijos Enzo y Tomás (3 y 5 años), fueron llevados por una mujer que viajaba en el vagón hasta Don Torcuato y allí, con la ayuda de policías de Malvinas Argentinas que asistieron a la mujer, empezaron a buscar a la familia.
Fueron justamente esos oficiales lo primeros en llegar a la estación. Con un boleto de colectivo y algunas señas que los chicos les dieron, pudieron dar con sus allegados. De todas formas, la búsqueda no fue fácil: todo ocurrió cerca de las 16.40, según un testigo, y los nenes llegaron a su casa pasadas las 21, según publicó el diario Clarín.
Cuando había transcurrido un día, los chicos no sabían el triste destino que había tenido su madre y sus familiares trataban de encontrar el mejor momento para brindarles una explicación acorde a su edad sobre la desaparición física de su progenitora.
Fueron llevados por su abuela a ver a una psicóloga en la sala de primeros auxilios del barrio para hacerles un chequeo. “Están bien, dijeron los médicos. Algo se imaginan, pero no preguntan por la madre”, contó Silvia, prima de la víctima.
Marina nació en esta provincia, donde residió hasta los 2 años, ya que su mamá se había ido de su casa, donde quedó con sus dos hermanos. Su papá no podía criarla y lo hizo su tío, Ubaldo More, quien residía en el partido de Tigre. Desde entonces, vivía allí con sus parientes.
“Marina era una hermana para mí. Así nos llamábamos. Era una chica toda alegría, buenísima, sin vicios, trabajaba en una fiambrería y vivía para los chicos. Muy sana”.
“No sé lo que le pasó porque salió corriendo así, quizás indignada porque todo le costaba mucho sacrificio”, explicó Silvia, quien le había comprado el celular con su tarjeta de crédito.
“Era un teléfono de no más de $ 300 y recién ahora lo empezaba a pagar. Se habrá pensado que yo me iba a enojar. Pero yo la adoraba”, apuntó Silvia, quien recibió la factura de la tarjeta de crédito con esa compra cuando ya se había producido el trágico desenlace y esperaba que le entregaran el cuerpo de su prima para poder velarlo en Pacheco.
Trabajadora incansable
El martes último, la víctima había trabajado en una fiambrería hasta las 14. Volvió a su hogar, almorzó y salió con sus pequeños para dirigirse a una feria en Grand Bourg, donde les compró ropa.
Regresaban con las prendas adquiridas cuando el delincuente entró en acción. Marina iba parada porque el vagón estaba repleto, pero los nenes estaban sentados. Fue entonces cuando salió a perseguir al ladrón y los dejó solos. El tren, que tiene puertas manuales y van siempre abiertas, le permitió al asaltante escapar y bajarse rápidamente.
Ella quiso hacer lo mismo y saltar unos tres escalones para llegar al andén.
Pero tropezó y quedó atrapada en el hueco que queda entre el andén y la formación. El tren arrancó y ella murió aplastada.
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