Si se analiza cuánto se usa del “vital elemento” en la producción de todo lo que se exporta, se obtienen magnitudes poco conocidas. La provincia, con su régimen de lluvias y su litoral fluvial, tiene una ventaja estratégica decisiva.
Sin embargo, de ese universo exportado, sólo la leche fluida, el aceite y la cerveza salen en estado líquido. El resto son sólidos que, de todas maneras, insumieron grandes cantidades de agua para su producción, antes de ser exportados.
El imaginario más elemental sugiere que exportar agua es embotellar y sacar del país el preciado y vital elemento. Pocos asumen que es innecesario y caro, por cuanto supondría consumir -en transporte- mucha más energía de la necesaria para desalinizar el agua de mar o subterránea, allí donde sea necesaria, en lugar de trasladarla.
La “huella hídrica” de cada producto o servicio es el agua que se insumió en su procesamiento. Es lo que se conoce como exportación de “agua virtual”.
La mayor exportación de agua se va con los cueros o con los granos. Incluso producir un kilo de carne vacuna y venderla al exterior, insume mucha más agua que embarcar un litro de leche fluida o de cerveza.
Comentá la nota