Mientras convive con un mal de Parkinson que lo acompaña desde 2005, el ex concejal repasa sus años como político y analiza la situación de los sectores populares de la ciudad. También tira una indirecta para Gustavo Traverso: “El kirchnerismo local tendría que haber elegido otro candidato”.
Tranquilamente esa falta de aptitud no hubiese sido un obstáculo insalvable con horas de práctica diaria y algún orientador que puliera cualidades ocultas. Pero las pasiones de este hombre de 75 años, que nació en el barrio El Molino pero que se crió entre galpones ferroviarios casi desde el chupete, no pasaban por el fútbol o el atletismo. Desde joven entendió que su paso en esta vida estaba ligado a lo social, a hablar cara a cara con el otro y pensar en soluciones para los problemas de la ciudad. Claro que desde su condición de obrero -trabajó cuarenta años en el ferrocarril- podía aportar ideas pero no recursos para ejecutarlas. Así que se integró a Cáritas, como una manera de que el acto solidario de pensar en el otro se concretara más en hechos que en palabras.
En 1991, cuando el gobierno de Carlos Saúl Menem privatizó el sistema ferroviario, fue parte de la purga masiva que dejó sin empleo a miles de junienses. Entonces ahí se dedicó a la política en el partido Democracia Cristiana, de la mano del diputado linqueño Héctor Gatti. Tuvo su punto más alto en 2001, cuando consiguió una banca como concejal y se retiró en 2005, al finalizar su mandato en el cuerpo parlamentario.
Alejado de la imagen prototípica del político convencional -se caracteriza más bien por la simpleza de su vocabulario y una vestimenta de entre casa-, supo llegar a la gente por mostrarse “más terrenal” que el resto, aunque eso no le quita la culpa que hoy siente por no haber “hecho más cosas” en su paso por el Concejo Deliberante.
Cannarozzo recibió a DEMOCRACIA en su domicilio y dejó un par de pensamientos sobre la actualidad juninense y, sobre todo, una historia para contar: la lucha para controlar el mal de Parkinson que lo afecta hace seis años.
-¿Qué recuerda de sus años de ferroviario?
- En Junín en esa época era preponderante el ferrocarril. Ojalá volviera algún día la etapa de esplendor ferroviario, tan necesaria que es para la clase media y baja y tan precario y obsoleto que ha quedado.
-¿Cree que es viable el desarrollo del sistema ferroviario?
-Es muy difícil que se pueda restaurar. La situación crediticia no es la mejor. Para responder a los recambios que requiere el sistema hace falta una inversión muy importante y no creo que haya intereses privados. Ha quedado un sistema de transporte privado con el que tendría que llegarse a algún acuerdo, dado que es exitoso por el valor de los commodities, para subsidiar al transporte de pasajeros, que es deficitario en todo el mundo y por eso jamás encontraríamos a nadie interesado en él.
-¿Cómo vivió la época de Perón? ¿Usted tenía afinidad con las ideas peronistas?
-Perón cosechó sus pros y sus contras, pero es innegable que provocó una transformación en el país. Introdujo en la discusión el salario para los obreros, la construcción de viviendas –un problema que sigue sin resolverse-… tuvo sus claroscuros, pero fue un adelantado en muchas ideas. Yo casi siempre estuve en la contra, más allá de que en algún momento integré frentes con movimientos peronistas porque creíamos que nos desenvolvíamos en el mismo campo, por ejemplo con Cafiero.
Más acá en el tiempo, la colaboración con el diputado Gatti le permitió aliarse con el Polo Social en el año 2001. Y en las elecciones de ese año, en medio del estallido social y del “que se vayan todos” que se había instaurado luego del gobierno de Fernando de la Rúa, el Polo Social consiguió acaparar un notable caudal de votos y en Junín ubicó dos concejales: Cannarozzo y Tomás Kiernan –de cepa justicialista-. “Hubo un desbande de los votos radicales y peronistas que nos permitió sacar cuatro mil votos y lograr las dos concejalías. En los primeros dos años en esa función nos tocó enfrentarnos con una gran crisis, la gente golpeaba permanentemente las puertas de la Municipalidad por comida y por trabajo”.
-¿Cómo ve la política social implementada por el municipio hoy en día?
-A raíz de los problemas de salud que tengo no ando mucho, pero considero que en Bienestar Social se está haciendo un trabajo serio, que no sé si alcanza porque la ciudad creció mucho y la pobreza, por lo que se ve en varios sectores, es una cuenta pendiente. Creo que durante la gestión de Meoni se incorporó mucho personal y el gasto en los sueldos de esa gente nueva resintió los recursos que debían asignarse a otras áreas.
-¿Usted cree que una victoria del kirchnerismo en Junín hubiese cambiado las cosas?
-Tengo mis dudas con respecto al kirchnerismo, pero acá tendrían que haber optado por otro candidato. Yo nunca lo voté a Meoni y tampoco a la fórmula justicialista. De todos modos, más allá de la afinidad que coseche el kirchnerismo en este momento, al PJ se le complicó ganar en esta ciudad a partir de 1973 por algunas actitudes que marcaron al electorado y forjaron el voto “gorila”, sentido que aún existe.
-¿Cuáles fueron esas actitudes?
-Conductas patoteriles que a la gente no le gustaron. Era la época de la represión. Fuera de grabación te las digo si querés (sonríe).
-¿Qué le faltó hacer por la sociedad en su gestión como político?
- Cuando uno no tiene mayoría, muchas de las ideas pueden ser expresiones de deseo. Incluso hubo decenas de veces en que pedíamos información al Intendente y se daba el gusto de no contestarnos.
-¿Pero usted quedó conforme con su participación? ¿No esperaba más?
-Yo esperaba mucho más. En los primeros dos años como concejal se trabajó mucho en lo social, pero quedaron temas en el tintero. Una de las problemáticas que persiste tiene que ver con la falta de viviendas. Yo estuve cuando se le otorgó a Junín el Plan Federal de 500 viviendas, que hasta ahora es el único que se le ha dado a la ciudad pensando en las clases media y baja. Hoy es muy difícil para el obrero acceder a una casa propia cuando hay una inflación incesante y los créditos están fuera del alcance de la clase trabajadora.
-¿Y usted qué propondría?
-Lo mismo que venía sugiriendo en mis años de concejal: fomentar un plan para que el trabajador pueda obtener primero un lote a un valor razonable en cuotas; después de eso encarar la construcción de acuerdo con las posibilidades de cada usuario. Esto no es nada nuevo, Perón lo había hecho entre la primera y la segunda presidencia para dar respuesta el éxodo que se produjo desde el campo a la ciudad.
-¿Se hace alguna autocrítica?
-Sí. Ante tanta gente que sufre necesidades, uno tendría que dar mucho más de lo que dio. A lo mejor mi incapacidad me lo impidió, pero pude haber hecho más.
La enfermedad
-¿Cuándo empezó a sufrir mal de Parkinson?
-En los últimos meses como concejal me empezaron a aparecer los primeros síntomas. La familia empezó a notarlo pero yo no les daba importancia.
-¿Cuáles fueron esos primeros síntomas?
-Un poco de debilidad en la parte izquierda del cuerpo, temblor del brazo y después se sumaron los síntomas neurológicos, como falta de memoria. Es una porquería (sonríe), pero bueno, ¿qué se le va a hacer?
-¿Y cuándo lo empezó a tratar?
-Enseguida, a los dos meses. Tengo una hija psicóloga, un yerno médico y otra hija que también es doctora, así que estaba con una ametralladora encima mío y no me quedó otra que hacerles caso en el consejo. Para mí son muy importantes tanto mi esposa, como mis cinco hijos y mis diez nietos.
-Y ahora la está peleando…
- En eso estamos. Voy a rehabilitación en el Hospital Flemi cada cuatro meses, y por suerte estoy bien.
-¿Va a volver a la política?
-(Ríe sorprendido) No, la sigo por televisión, no estoy en condiciones.


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