Salud pública: que te cure Lola

Servicios cerrados, salas sin calefacción, falta de personal e insumos, edificios colapsados. Nada logró que los porteños dejen de confiar en sus hospitales públicos.
Falta de salidas de emer­gencia, quirófanos, salas y consultorios; deficien­cias en seguridad e hi­giene; carencia de médicos y sobre todo de enfermeros y personal ad­ministrativo. Inauguraciones de ser­vicios que no se habilitan porque no hay quiénes trabajen en ellos. Un exhaustivo informe de la Audi­toría porteña corroboró las denun­cias sobre el estado de los hospitales que sistemáticamente surgen de los trabajadores, profesionales y le­gisladores de la oposición.

Según este relevamiento -efec­tuado entre 2008 y 2012-, en los hospitales hay falencias graves es­tructurales y de infraestructura. Al­gunas serán de larga data, pero agravadas porque entre 2009 y 2011 se ejecutó apenas el 23,47% del presupuesto asignado para equipamiento. En 2008, el oficialismo planteó que necesitaba $150 millones para equipar los hospita­les. Ese monto más tarde se amplió al doble, pero el jefe de Gobierno utilizó apenas $70 millones de los 300 que tenía a disposición. En el mismo período se fue agudizando la falta de personal en todos los ni­veles del escalafón, especialmente en enfermería y anestesiología. La excepción: se duplicaron los cargos superiores (autoridades, planta de gabinete y gerencias). Mientras tan­to, según el informe de Auditoría, en el Durand faltan 280 enferme­ros; en la maternidad Sardá, 169; en el Ramos Mejía, más de 600.

Según el auditor general y ex le­gislador Eduardo Epszteyn, "en los últimos cuatro años, el porcentaje de la inversión pública bajó el 20%. Eso que se ve en el presupuesto luego se manifiesta en las carencias de los hospitales". Para Epszteyn, existe "una decisión política. Macri llegó a la conclusión de que la sa­lud pública no le da votos, porque el 65% de los que se atienden en los hospitales porteños llega desde el conurbano y por lo tanto no los considera una prioridad". Su diag­nóstico es que el sistema hospita­lario "entró en una decadencia que corre el riesgo de volverse crónica" de no mediar fuertes inversiones en el sector.

Botones de muestra

El cuadro se ha vuelto particu­larmente dramático en varios establecimientos. De acuerdo con la Auditoría, el Hospital General de Agudos Rivadavia no cuenta con "servicio de gestión, operación y mantenimiento del recurso físico (predio, infraestructura, obra civil, instalaciones y equipos)". El perso­nal es insuficiente" y "no cuenta con recursos para insumos y mate­riales necesarios". El informe detalla que "diversos sectores se encuen­tran sin gas desde hace tiempo" y en otros hay posibles pérdidas.

Rodolfo Arrechea trabaja en el Rivadavia e integra el consejo di­rectivo nacional de ATE. Consulta­do por Diario Z, contó que "hace dos semanas se rompió el caño maestro y se inundaron clínica mé­dica, obstetricia y consultorios ex­ternos. Actualmente, funciona un quirófano sobre once, y el quiró­fano central -refaccionado hace poco-, está paralizado por la falta de personal. Radiología no funcio­na y la sala 6 de neurología sigue inundada. Hace un mes, una médi­ca se electrocutó con una lámpara mientras realizaba una cirugía en obstetricia. Salvó la vida de mila­gro". Arrechea dice que los cortes de calle y otras protestas no alcan­zaron para que el ministro de Sa­lud, Jorge Lemus, les otorgue una audiencia largamente solicitada.

En el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez hay más de dos mil chi­cos en lista de espera para interven­ciones quirúrgicas. Las operaciones programadas se fueron postergan­do para dar lugar a las urgentes, hasta acumular este retraso. "Los quirófanos están hechos a nuevo, pero no funcionan al 100% por la falta de nombramientos", ex­plica Susana Toporosi, de la Aso­ciación de Médicos Profesionales. Aquí también necesitan enferme­ros. "Debería haber uno cada dos pacientes pero en el mejor de los casos hay uno cada cuatro o cinco. También es crítica el área adminis­trativa, que se fue reduciendo hasta llegar a una situación de emergencia. Los médicos hacen de camille­ros y secretarios", agrega Toporo­si. Otras áreas muy comprometidas son el servicio social ("hay sólo cin­co asistentes para todo el hospital") y el de atención al quemado: "Lle­gan chicos de todos lados, porque el Instituto del Quemado no tiene guardia pediátrica. Actualmente son tres personas que atienden en un cuarto de dos metros por uno y medio", explica.

Los trabajadores del Gutiérrez pararon 18 veces el año pasado en reclamo de salarios, nombramien­to de personal y por las condiciones de trabajo. Obtuvieron algunas con­quistas. La última fue que la Justicia bloqueara la construcción de una casa de descanso dentro del hos­pital auspiciada por McDonald´s.

"No queremos propaganda de co­mida chatarra dentro del hospital, justamente cuando nos la pasamos desaconsejándosela a los chicos. La casa de descanso es una necesidad de los padres que debería atender el Estado, no McDonald´s. Hay di­nero: en el primer trimestre se eje­cutó apenas el 2,8% de la partida presupuestada para mejoras edilicias", señala Susana.

En el Durand la sala de terapia intensiva pediátrica permaneció ce­rrada varias semanas porque los tres médicos que trabajaban en ella renunciaron en un acto de respon­sabilidad: eran insuficientes y, ade­más, faltaban enfermeros. La sala fue reabierta recién el 17 de julio pasado "gracias a la movilización", dice contundente el médico de ese hospital Oscar Trotta. "Hoy el Du­rand funciona al 60 por ciento de su capacidad y las operaciones se realizan al 70 por ciento, asegura. En diálogo con Diario Z, Trotta se­ñaló que "entre otros problemas, faltan insumos básicos como un equipo monitoreo fetal y la terapia intermedia continúa cerrada".

De remate

El abandono del hospital psi­quiátrico José T. Borda tiene tantos años como la defensa intransigen­te de sus trabajadores. De todos sus problemas de infraestructu­ra, el más grave quizá sea que los pabellones no tienen gas ni, por lo tanto, calefacción. En un intento de paliar la situación fueron colocados algunos calefactores eléctricos y "splits" en los dormitorios. No sólo el resto de las áreas de internación siguieron pasando frío: los arte­factos colapsaron una red eléctri­ca tan vetusta como peligrosa. Por otro lado, la asamblea de trabaja­dores del Borda repudia el inten­to de desguazar el hospital, "usur­pando" parte de su superficie para construir un Centro Cívico.

El psicólogo Hernán Scorofitz -integrante del servicio de Terapia Regular- señala que el Borda tie­ne un llamativo índice decreciente de pacientes. Según Scorofitz, "es falso que la reducción de pacien­tes responda a una ‘transforma­ción desmanicomializadora': casi la mitad de los pacientes externados en 2011 y 2012 fueron a pa­rar a clínicas privadas o del PAMI, ONG o directamente están en la calle". Además, en 2011 fue cerra­do el Servicio de Internación para pacientes adictos y con HIV.

"No hay ninguna ´transforma­ción´ sino una tercerización del servicio. Fijate la resolución 52/12 de la Secretaría de Salud de Ciu­dad, de enero de 2012, que llamó a licitar internaciones psiquiátri­cas ‘prolongadas' en clínicas pri­vadas", aporta el profesional.

La mayoría de los 33 hospitales públicos porteños fueron transfe­ridos a la Ciudad en la década del 90, durante el gobierno de Car­los Menem. Ese sistema hospita­lario, que "llegó a ser el mejor de toda la Argentina", según el pres­tigioso sanitarista José Carlos Es­cudero, "tuvo su origen en varios factores. Uno de ellos fue un elec­torado porteño muy demandante e influenciado por la inmigración europea, que reforzó ese perfil".

Para Escudero, el deterioro del sistema obedece a "una visión fi­losófica general del gobierno de Macri sobre las políticas sociales".

"La raíz de la cuestión es que Macri es un neoliberal y por lo tan­to considera que hay que reducir el Estado, que sea el mercado el en­cargado exclusivo de brindar solu­ciones. Esto significa menos gasto social y que la gente ‘compre salud´ en el sector privado. Esta filoso­fía política lleva a situaciones como la del Borda: el gobierno porteño cuenta con los recursos para resol­ver los problemas pero no lo hace porque quiere hacer un negocio in­mobiliario. En la ciudad de Buenos Aires, la mortalidad infantil aumen­ta, a contramano de lo que ocurre en el mundo", afirma Escudero.

Los hospitales porteños enton­ces, con pronóstico reservado.

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