Por Ricardo RoaEl Gobierno ha logrado instalar la idea de que el que no vota a favor de la expropiación de YPF es un vendepatria . Y consiguió entrampar a buena parte de la oposición, que apoya el proyecto aunque sabe que la gesta del kirchnerismo consiste en hacerse de una nueva caja , cuando las que ha usado hasta ahora empezaron a agotarse.
Ellos y otros van a votar sin conocer cuál es el plan estratégico del kirchnerismo para YPF. Y más aún, sin saber dentro de qué política energética se inserta la expropiación: los resultados de la que hubo ya se conocen de sobra y según reconoció el propio viceministro Kicillof, han sido desastrosos. Lo dijo sin vueltas, flanqueado por los máximos responsables de esa política : De Vido, que está nada menos que al frente de la intervención y del secretario de Energía, Cameron.
Con la soberbia de un dirigente universitario, Kicillof denunció a Repsol por vaciamiento . Pero la mística terminó ahí: no dijo una palabra sobre el arreglo de los Eskenazi con Kirchner, que les permitió en 2008 comprar una parte de YPF sin plata y pagar la deuda con las utilidades de la misma empresa. Y además, quedarse con su manejo.
Bajo la pátina del interés nacional se esconde otro interés, inmediato: hacerse de los dólares de las ganancias de YPF para bancar parte de las importaciones de gas y combustibles, porque será necesario seguir importando y en cantidad.
Dicen que “el que no apoya es un liberal de los 90”. Otra ironía. En los 90, los Kirchner aplaudieron todo lo contrario: la entrega de la petrolera nacional .
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