Salta amaneció vestida de blanco

 Salta amaneció vestida de blanco
La caída de nieve comenzó en la noche del jueves y se extendió durante toda la jornada de ayer. Familias enteras de turistas y salteños colmaron las localidades cercanas, como Vaqueros y San Lorenzo.
Fue un viernes inolvidable. La jornada histórica se inició el jueves a la noche cuando el aguanieve aparecía como un milagro esperado; más tarde la nieve en copos comenzó a acumularse y a pintar de blanco la silueta de Salta. La mañana de ayer comenzó con una alegría y entusiasmo contagiosos que los más chicos fueron propagando en los adultos.

La nieve que cayó durante toda la noche y gran parte del día sólo se puede comparar con aquel lejano lunes 10 de julio de 2000. Desde entonces que no ocurría un suceso semejante. Lo particular y lo que destaca el meteorólogo del INTA, Ignacio Nieva, es la duración de la nevada, que comenzó en las últimas horas de la noche del jueves. “Es un fenómeno bastante particular y sorprende por la duración y la extensión de la precipitación”, dijo.

Por esta razón niños, grandes y ancianos tuvieron la gran posibilidad de disfrutar de la nieve durante varias horas. La mayoría optó por salir en auto hacia San Lorenzo o Vaqueros. Los caminos, cerca del mediodía, mostraron un tráfico inusitado, al punto tal que en la villa veraniega por momentos se circulaba a paso de hombre.

Las banquinas de la ruta provincial 28, camino a San Lorenzo, hasta la altura de Castellanos, se vieron colmadas. Las improvisadas guerras con bolas de nieve, competencias de muñecos con grandes dimensiones y hasta sesiones fotográficas con ingeniosas poses fueron las actividades que predominaron a lo largo de la mañana salteña.

La alegría de la gente

“Esta la subo a Facebook, mami”, le dijo una adolescente que ametrallaba con su máquina de fotos a una señora que se componía, desde el suelo, de un tropel de proyectiles. “Ni se te ocurra, que te mato, nena”, le gritó la madre mientras le levantaba un dedo.

El frío no molestaba cerca del río San Lorenzo, donde a la hora de la siesta reinaban la diversión y las sonrisas. “Esto es una bendición”, le dijo a El Tribuno una monjita que visitó ayer la Quebrada. “La nieve, como la lluvia, caen para todos. Es emocionante”, afirmaba.

Sobre muchos autos se pudo ver un muñeco de nieve. En varios casos estos estaban dispuestos de forma irresponsable, ya que obstaculizaban la visión de los conductores que circulaban por autopistas derritiendo la fugaz escultura de nieve.

Cafayate

Para Cafayate la de ayer fue una jornada histórica. Es que ninguno de sus habitantes recuerda que su pico de nieve, el cerro del San Isidro, como se lo conoce, amaneciera tan cubierto con un manto blanco, como ocurrió ayer. Los cafayateños y numerosos turistas enfocaron sus cámaras fotográficas y filmadoras hacia ese centro, que no dejaba de despertar admiración entre la gente.

General Guemes

General Güemes amaneció de blanco. El departamento siempre acusa una temperatura 4 a 5 grados superior a la de Salta; hace más calor en verano y menos frío en invierno. Sin embargo, ayer, Cobos, perteneciente a Campo Santo, fue el escenario de la nevada y se convirtió en un lugar convocante para las familias, muchas de las cuales nunca tuvieron la posibilidad de tomar contacto con este fenómeno.

Metán

Metán tuvo un amanecer sorprendente. Los árboles de las veredas, los techos de las casas, los espacios verdes y los automóviles se vistieron de blanco y muchos aprovecharon para armar muñecos de nieve. La mayor precipitación pudo observarse en las serranías ubicadas al oeste de la ciudad, en la zona de los barrios San Cayetano y AMEC. Fue una de las nevadas más grandes de las últimas décadas.

Rosario de la Frontera

La Ciudad Termal tuvo que esperar 11 años para ver nieve. El Naranjo, un pueblo turístico situado a pocos kilómetros de esa localidad, se convirtió en el punto preferido por los rosarinos para contemplar la nieve en toda la serranía. “En Rosario de la Frontera la última nevada que se registró fue el 11 de julio de 1999”, recordaba una vecina, mientras observaba los cerros cubiertos por un manto blanco.

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