En marzo pasado, la oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos en el país emitió un informe definiendo a La Salada como un epicentro del fraude y de la falsificación de marcas.
Ocupa 20 hectáreas a orillas del Riachuelo, próximo al Puente La Noria. Posee 30.000 puestos, con un promedio de 12 personas trabajando en cada uno; un puesto de 4 metros cuadrados se llegó a pagar U$S100.000, y desde hace unos meses posee su propia financiera, “Créditos La Salada”, que curiosamente tiene su domicilio legal en Puerto Madero.
Ignacio ‘Nacho’ Girón es periodista, y trabajó exhaustivamente durante meses en una investigación recorriendo La Salada. Todo lo que recopiló fue plasmado en su libro "La Salada. Radiografía de la feria más polémica de Latinoamérica", editado recientemente. Con él se comunicó N&P.
Noticias & Protagonistas: ¿Cómo nace tu inquietud por escribir sobre La Salada?
Ignacio ‘Nacho’Girón: Porque es otro mundo; es extraño llegar a la madrugada y ver una horda de compradores cruzando el Riachuelo de un lado al otro que se chocan entre ellos y que gastan entre 40 a 50.000 pesos para llevar la mercadería a otras provincias. Realmente es un país dentro de otro país, y por más que lleva ya 20 años desde sus inicios, hasta ahora no había un compilado sobre su historia y sobre las polémicas que hay detrás de su existencia.
N&P: ¿Hablamos de una industria textil desarrollada para bajar costos, con gente que se rebeló y creó su propio espacio, o estamos ante personas que replicaron el sistema de producir en base a condiciones laborales miserables?
NG: En 20 años pasó de todo. Desde 1991 a 2001 operó como una revolución de los confeccionistas, que cansados de recibir cheques a plazo, a cobrar, y muchas veces sin poder cobrarlos, decidieron probar realizar la venta sin intermediarios.
N&P: ¿Y cuál es hoy esa realidad?
NG: La cuestión se complejizó; depende de con quién hables te van a exponer la idea que más les convenga. Hay talleres del otro lado de La Salada, con causas judiciales que los involucran porque trabajan para primeras marcas; y también es cierto que como dice Jorge Castillo, un referente indiscutible del lugar, hay talleres chiquitos familiares, no registrados. Hay una doble situación; me parece que se exagera cuando se cargan las tintas sobre la peor ilegalidad. El libro lo cuenta como una novela, con situaciones tensas, con descripciones, risas, es un culebrón. No se puede ver el lugar como 100% legal o 100% ilegal. porque se combinan ambas formas de una manera muy “argenta”.
N&P: Hay una teoría popular que dice que todo precio considerado vil comparado con el de vidriera, es producto del robo…
NG: Yo menciono ese dicho popular en el libro, y te puedo asegurar que hay de todo. La mayoría sale de estos talleres clandestinos o familiares, no regularizados. Pero por otro lado, hay muchas causas judiciales porque ha habido piratería del asfalto y luego la mercadería se comercializa en la feria. Si uno tiene que blanquear dinero de indumentaria, sin duda, por lo poco que se meten las autoridades. ese es un lugar ideal.
N&P: ¿Es por impunidad, por aceptación?
NG: Lo que sucede es que dejaron hacer. Hay tres o cuatro caciques territoriales y el Estado estuvo ausente. Primero se tomó como un fenómeno marginal, como una pequeña feria que le daba trabajo a la gente; pero después, cuando creció, se les escapó de las manos y ya no pueden pararla. No saben cómo encauzarlo, sería imposible hacerlo desaparecer, pero si bien hay cosas que funcionan bien, hay otras que funcionan muy mal. En 20 años hay historias de connivencias municipales, policiales, muchas habilitaciones extrañas, marcas truchas, zonas liberadas y todo eso con dinero de por medio.
Miami Salada
N&P: ¿Qué opinás sobre la intención del creador de la feria, Castillo, de replicar el modelo de La Salada en Miami?
NG: Castillo no es el fundador, el que inició todo fue un boliviano llamado Gonzalo Rojas; no se sabe mucho de él, sólo que termina preso y que se suicida en 2001 de manera extraña, aunque se sospecha que lo mandaron matar. Castillo aparece en 2001 y se convierte en un importante referente, pero es el administrador de una de las cuatro grandes ferias de la zona, porque La Salada concentra cuatro grandes ferias. Lo de la iniciativa de Miami es muy discutible, todavía está en pañales; Castillo afirma que va a utilizar el sistema que usa acá y promete no evadir nada. La empresa que él administra es una sociedad anónima registrada, y su negocio real es el inmobiliario: alquila los metros cuadrados que luego se convierten en puestos. Él dice que revisó la línea fina de instalación de negocios en Miami, que comprará un predio, lo subdividirá y que llevará mano de obra argentina para confeccionar las prendas. Veremos cuánto de legalidad hay en eso.
N&P: Gran parte de la ropa que se vende en Estados Unidos no se produce en el país; inclusive la ropa de las grandes marcas tiene etiquetas que muestran que están producidas fuera de los Estados Unidos…
NG: Insisto en que esta iniciativa es muy nueva. Pero lo que sí es un hecho es que La Salada se está convirtiendo en una marca. He caminado por Mar del Plata y hay pequeños o medianos reductos que parecen ferias, y les dicen “saladitas”, como referencia. Creo que aunque está muy emparentado con la ilegalidad, puedo decir que hay cosas que sí están registradas y muchas otras que no.
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