El sacerdote Livio Gorza, un polémico vecino de Fisherton

Falleció el 2 de abril. Las voces de quienes lo recuerdan y retratan todos sus perfiles. Unos hablan de "un soldado de Dios", mientras que otros sostienen que "era un fundamentalista, si no estabas con él estabas en su contra".
Dos personas que lo conocieron y vivieron en el barrio hablan del mismo hombre aunque no parezca. Una dice: "Murió en la semana más santa y el Día de Malvinas, todo un mensaje; él era un soldado de Dios". Y otro comenta: "Era un fundamentalista. Si no estabas con él, estabas en su contra. Recuerdo ser adolescente y oírlo decir más de una vez la frase bíblica «puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca»". Ambos se refieren a Livio Gorza, el párroco que durante décadas estuvo frente a la tradicional capilla Cristo Rey del elegante barrio de Fisherton y del colegio Stella Maris. El es el mismo que se hizo mediáticamente famoso a finales de los 90 cuando propuso reformar el edificio parroquial de 1927, ubicado en Brassey al 8200, con el fin de convertirlo en un megasantuario.

Gorza falleció esta semana y La Capital intenta retratarlo a través de las voces de los vecinos, algunas anónimas, por haber sido todo un personaje del lugar y de la ciudad: complejo, contradictorio, venerado y cuestionado. La llegada del padre oriundo de Cañada de Gómez al barrio bien puede recordarse a través de Hilda Cardoso, quien vive a 30 metros de la capilla. Todas las tardes a las 15 dirige el rezo del Rosario del Dios Misericordioso y trabajó codo a codo con el sacerdote.

"Cuando él llegó al barrio yo tenía 9 años y ahora tengo 56. El me casó cuando yo tenía 17 años. No fui al colegio Stella Maris que era de clase alta, sino a la Cayetano Silva, pública y de clase media como mi familia, sin embargo siempre estuve conectada con la parroquia. Recuerdo que jugábamos en el patio al vóley y él nos echaba porque decía que no lo dejábamos dormir. Tenía un carácter difícil, pero yo lo quería mucho. Hay que entender que tuvo una formación católica rígida en su época. Era re larguero en los sermones. A veces se enojaba y medio en broma y en serio nos decía «estoy cansado de rezar por ustedes». Decía que sabía muy bien quién iba a la iglesia por fe y quiénes para ver cómo se vestía el vecino y le era lo mismo ir a misa que comprar el diario el domingo. Pero le ponía su vida a los fieles, ha viajado, aún enfermo a conversar con parejas en crisis", señaló Cardoso.

Su tesón, dinamismo y pasión son descriptos por devotos y detractores. Pero todos apuntan que ese motor se sostenía con las onerosas dádivas de las familias más ricas del barrio, montos que van actualmente de entre los 5 mil a los 10 mil pesos mensuales, y con los que se solventan, entre otras cosas, becas escolares, el comedor del barrio Ain Karim o la creación de la escultura de la virgen del Rosario en Wilde y Eva Perón. La actitud lo distanciaba de su hermano Elmo, también párroco y que falleció en el 2000. "Podría decirse Livio que uno era de derecha y Elmo de base, de izquierda", confesó una mujer.

La obra de Livio, no obstante, no opaca otros costados que completan al personaje y son recordados por alguien que cursó toda la primaria y el secundario en Stella Maris: "¿Artista? Gorza era un megalómano y un autoritario. Sus fiestas patronales en la plaza con audiovisuales y su proyecto parroquial eran un ejemplo de esa actitud. Era un fanático, un enfermo por la pureza y la castidad. Y un gran generador de culpa a quienes más tenían, vivía de ellos, viajaba sin parar, pero les hacía saber que si no compartían sus riquezas no llegarían al cielo". A pesar de todos sus perfiles, Gorza fue velado en la parroquia a nave llena. Lo despidieron el arzobispo José Luis Mollaghan e Ignacio Peries, entre otros sacerdotes. Feligreses de varias capillas, educadores y alumnos también estuvieron ahí. Y en una participación de este diario se leyó: "Una vida entregada al ministerio sacerdotal y a la unión. Su muerte no es el final de su persona. Vivió la aventura humana al estilo divino". Dicen que en un futuro sus cenizas serán llevadas al templo. Otros comentan que aunque así no sea, Gorza ya "es Fisherton".

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