El conservador diario The Wall Street Journal aplicó una feroz presión esta semana para que Mitt Romney lo eligiera.
Nació en Janesville, Wisconsin, una ciudad de 64.000 habitantes donde todavía vive con su familia cuando no está en el Capitolio. “Crecí muy rápido”, señaló Ryan a The New Yorker, luego de contar el momento más dramático de su vida: a los 16 años encontró a su padre, constructor de origen irlandés, muerto en la cama.
Decidido a tomar su vida más en serio, dejó Janesville para estudiar Política y Economía en Ohio y muy pronto se convirtió en becario del Congreso. De allí, no se fue más. Su buena pluma le permitió escribir discursos para el candidato republicano a la vicepresidencia en 1996, Jack Kemp. A los 28 años ya era diputado por Wisconsin, una banca que defendió seis veces.
Pero Ryan saltó a la fama desde su cargo de presidente de la poderosa Comisión Presupuestaria por su batalla contra el déficit fiscal: busca reducir más de seis billones de dólares del presupuesto con duros recortes y privatizaciones en la salud y las jubilaciones. Con esa lucha deleitó a la ultraderecha de su partido y ganó la arena nacional.
Casado hace 12 años, tiene dos hijos y una hija. Es católico practicante y la religión aquí no es un detalle menor: podría dar más confianza a los votantes estadounidenses que dudan del mormón Romney. Ryan es un fuerte opositor del aborto y del matrimonio gay, dos cuestiones en las que muchos conservadores creen que Romney no es lo suficientemente enfático. Un dato: será la primera vez que no habrá un protestante en la fórmula presidencial.
Romney gana frescura y energiza a las bases con Ryan, pero no tiene más remedio que atarse al durísimo plan de recortes que propone su compañero. Esto quizás no sea lo mejor para la campaña republicana en su objetivo de atrapar a la clase media independiente. Pero a Ryan parece no preocuparle: “La vida es corta” , dice. “Mejor aprovecharla cuando uno la tiene”.


Comentá la nota