El estado de la Ruta Nacional 34 viene siendo noticia desde hace tiempo, no sólo por la necesidad de transformarla en una autovía que disminuya el nivel de accidentología sino por la falta de mantenimiento y el nivel de deterioro en que se encuentra. Baches sin arreglar o arreglos demasiados precarios que sirven sólo para calmar los reclamos.
Desniveles pronunciados en la calzada, banquinas desniveladas o sin el desmalezamiento correspondiente que tapan las señales de tránsito. Todo esto parece estar compendiado en el conflictivo paso a nivel que se encuentra a la altura del INTA, donde los pastos se “van tragando” la única señalización existente en el lugar haciendo más peligroso un cruce que de por sí ya lleva en su haber varios accidentes.
Allí la vegetación alcanza una altura importante que impide a los conductores anticiparse a sus acciones ante la falta de una señalización visible. Señalización tapada por pastos altos que hablan del abandono total que sufre dicho sector de la ruta desde hace tiempo. Que además, al tratarse de un paso a nivel sin barreras, donde no se pueden ver las señales correspondientes, se transforma en una trampa mortal para cualquier desprevenido.
Esta situación no habla ya solamente de falta de fondos o de problemas de índole económicos, sino de ausencia de voluntad por parte del concesionario y del Ente contralor del Estado para mejorar la seguridad vial. ¿Qué costo puede tener cortar el pasto?
Evidentemente a nadie le importa, o por lo menos a quienes debería importarles, los miles de ciudadanos que transitan la Ruta 34 diariamente y que corren peligro de perder su vida o parte de su integridad física. La desidia y el abandono han llegado a un nivel de desprecio mismo por la vida humana y gobiernos locales, provincial, instituciones, políticos, ciudadanos, no pueden permitir que esto siga igual.
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