Tras el atentado que terminó con la cúpula del Ministerio de Defensa sirio, Washington y sus aliados buscaban imponer sanciones económicas en el Consejo de Seguridad. El enviado Kofi Annan lamentó la falta de unidad.
Moscú y Pekín votaron en contra del borrador presentado por los Estados Unidos –y refrendado por Francia, Reino Unido, Alemania, Portugal, Colombia, Guatemala, India, Azerbaiyán, Togo y Marruecos–, mientras los dos restantes miembros del Consejo –Sudáfrica y Pakistán– se abstuvieron. El proyecto de resolución contenía amenazas de sanciones económicas, pero Rusia entendió que despejaba el camino para una futura intervención militar.
“Esta votación nunca debió haberse realizado”, dijo el embajador ruso, Vitali Churkin. “Hemos dejado en claro, siempre, que no aceptaríamos ninguna resolución que contuviese una referencia al Capítulo VII (de la Carta de Naciones Unidas) y abriese así las puertas para una intervención militar”, algo similar a lo ocurrido con Libia, cuando una decisión en los mismos términos derivó en la intervención de las fuerzas de la OTAN.
“Esa es una reacción paranoica”, señaló la embajadora estadounidense, Susan Rice, pues según ella se trata sólo de sanciones económicas. Los embajadores de otros países se manifestaron igualmente decepcionados. “Nuestra resolución habría sido una oportunidad, quizás la última, para poner fin al círculo vicioso de la violencia en Siria”, dijo el alemán Peter Wittig, mientras el británico Marik Lyall Grant se lamentaba porque “este Consejo no haya jugado el papel para el que fue creado”.
También el enviado especial de la ONU para Siria, el ex secretario general Kofi Annan, se quejó ante la circunstancia de que “en este momento crítico no se alcanzara la unidad para una acción fuerte y conjunta”. El borrador vetado por Rusia y China preveía además la transformación de la misión de observadores militares en una misión civil para reactivar las negociaciones directas. Moscú, que había presentado una propuesta para prolongar durante 90 días la actual misión de observadores militares, terminó retirándola sobre el epílogo de la reunión.
Así, el futuro de la misión, cuyo mandato concluye hoy, quedó por ahora en un limbo. En la búsqueda de un camino intermedio, Gran Bretaña propuso que el Consejo ampliase en 30 días el mandato de la misión. El jefe de esta, el general Robert Mood, abandonó ayer Siria, lamentando que el país no se encuentre “en el camino de la paz”. Para Mood, “la escalada de violencia que hemos visto en los últimos días en Damasco es un testimonio de ello”.
Entretanto, la televisión estatal mostró las primeras imágenes de Al Assad tras el atentado que se cobró la vida del ministro de Defensa, Daud Rayiha, y de Asef Shaukat, viceministro del área y cuñado del presidente. Un día después del golpe, continuó la violencia en Damasco. La oposición denunció ataques desde helicópteros en los barrios de Sayyida Zeinab y Al Hadyar al Aswad. Los residentes de la periferia norte, donde no habían llegado los choques, aseguraron que la capital parece una ciudad fantasma. «


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