A un año del traspié "K" en las urnas, el oficialismo se asume ganador de la política mientras la oposición afirma que ha impuesto su agenda. Antes de perder la mayoría, el oficialismo apuró varias leyes en el Congreso. Después, sus adversarios le quitaron el manejo de las comisiones. Pero luego llegó la división.
Como fuere, la oposición se envalentonó y, al menos durante los días posteriores a aquellos comicios, dio la impresión de que el Gobierno había quedado conmocionado por el resultado.
No pasó mucho, sin embargo, hasta que el oficialismo dio muestras de reacción política. Antes de que los nuevos diputados y senadores "anti K" asumieran, envió una serie de proyectos para que sean sancionados por un Congreso que, al menos durante medio año, seguiría respondiéndole. (ver "La agenda del intervalo")
Cuando llegó diciembre y se concretó la renovación parlamentaria, los opositores arremetieron con virulencia y, sin demora, le arrebataron al kirchnerismo la conducción y la mayoría de las principales comisiones del parlamento. Pero la embestida no fue mucho más allá.
La unidad de las múltiples expresiones opositoras no tardó en resquebrajarse, especialmente en el Senado. Así, naufragaron desde las intenciones de rechazar el nombramiento de Mercedes Marcó del Pont en el Banco Central hasta las propuestas de modificar la coparticipación del Impuesto al Cheque, en favor de las provincias y en desmedro de la Casa Rosada; pasando por la idea de impedir que se usarán reservas para pagar vencimientos de la deuda externa.
Conforme se acerca el electoralísimo 2011, la atomización empeora. El radicalismo y sus socios discuten si el candidato debe ser Julio Cobos o Ricardo Alfonsín, mientras el peronismo disidente deshoja una margarita donde aparecen Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Mauricio Macri, Francisco de Nárvaez, Carlos Reutemann y Mario Das Neves, entre otros.
El kirchnerismo, en tanto, se declara en franca recuperación tras los multitudinarios festejos del Bicentenario de 1810. Sus planes involucran directamente a Tucumán, puesto que el gobernador José Alperovich, que sí ganó el año pasado, es legítimo aspirante a integrar una fórmula presidencial.
Precisamente, los parlamentarios oficialistas por Tucumán coinciden en que, en el orden nacional, perdieron en las urnas para luego ganar en la política. Esa conjetura es rechazada por sus oponentes, para quienes, en lugar de maniobrar exitosamente en el Congreso, el kirchnerismo sólo ha tratado de entorpecer su funcionamiento.
Lo cierto es que la escena política no es la misma desde hace un año. En LA GACETA, sus propios actores analizan por qué.









Comentá la nota